QUÉ OCURRE EN LA PAMPA? (1 PARTE)

Gaceta OVNI

A primera vista la gran porción territorial que ocupa la actividad del fenómeno se extiende desde el Noroeste de La Pampa, Sur de Mendoza y San Luis, y el Norte del Neuquén. En un trabajo de archivo, previo al relevamiento del ´96, encontramos referencias que fueron apuntadas en visitas anteriores a Mendoza y Neuquén y que nos orientaron sobre experiencias extrañas casi siempre vividas por camioneros y viajantes. Algunas aludían a rumores sobre vivencias muy significativas por parte de cazadores en pleno desarrollo de su deporte, observaciones con un alto grado de extrañeza, pero ninguna con datos lo suficientemente precisos como para armar un plan de encuesta pues no se puntualizaban ni lugares ni personas. Aún así tuvimos el raro privilegio de ser uno de los primeros grupos de investigadores que dejaron sus huellas en la arena del Oeste, sobre caminos engañosos que, aparentando conectar poblados y estancias, terminaron por conducirnos a nuevos y asombrosos interrogantes

EL DESIERTO Y EL MISTERIO

El Oeste Pampeano es una llanura esteparia desértica de estación seca, con un promedio anual de lluvias muy escaso. El suelo es arenoso con vegetación de poca altura conformada por espinillos, caldenes de crecimiento limitado y pasto melenoso que cubre la mayor parte de la superficie del territorio hasta bien entrado el invierno. Existen desniveles de terreno ya que abundan los médanos y hay escasez de cursos fluviales encontrándose esporádicamente lagunas de pequeña superficie. La fauna es rica en jabalíes, pumas, ciervos zorros, una gran variedad de roedores y ganado de extensión implantado por los colonos en un territorio que hoy está dividido en cotos privados y estancias con una muy baja densidad poblacional. En el invierno y durante la noche la temperatura desciende con facilidad de los diez grados bajo cero. La principal vía caminera es la ruta provincial N° 10, que une a las principales poblaciones del noroeste pampeano, ellas son: Luantoro, Loventué, Victorica, Telén y Santa Isabel. La mas densamente poblada es Victorica. Adentrándose por el desierto entre estancias comunicadas por picadas y caminos vecinales de tránsito dificultoso, hay puestos administrativos llamados ¨Colonias¨ que nuclean Hogares Escuela, policía, y algunas viviendas para una población mínima. En general los pobladores son comunicativos, dispuestos al dialogo y la hospitalidad. Estas son las características más salientes de la región donde llevamos a cabo el primer relevamiento durante el mes de Mayo del 97, y donde dormían hasta entonces las notables experiencias de cientos de habitantes del Oeste. Como en todas las áreas rurales las leyendas y el folklore que hacen referencia a las LUCES MALAS son reiteradas en toda esta zona. Sobre ello las explicaciones facilistas las han catalogado de confusiones con fenómenos naturales (centellas, fosforescencias óseas, etc.) a los que la ovnilogía está acostumbrada. Como demuestra la experiencia ¨no todo cabe en la misma bolsa¨. En el Oeste Pampeano las características de observaciones de estos extraños fenómenos luminosos tienen gran semejanza a los de otras regiones como algunas poblaciones de Entre Ríos ó Córdoba, sin embargo por la cantidad, frecuencia, permanencia, historia y proyección, podemos decir que estamos en una denominada ¨zona caliente¨, quizás una de las más enigmáticas del país.

LA VIVENCIA DE ROJO

Oscar Rojo es piloto civil, trabaja como mecánico y reside en la ciudad de Santa Rosa. Durante la década del 80 estuvo empleado junto a su esposa por el Hogar Escuela de la Colonia de Árbol Solo, a unos 140 kilómetros de la ciudad de Victorica. Entre otras tareas tenía que manejar un viejo camión en el que transportaba leña para la escuela desde la zona de Carro Quemado, debiendo hacer buena parte del trayecto por lentos y penosos caminos de arena a altas horas de la noche. En cierta ocasión, no muy lejos de llegar al Hogar Escuela, pudo observar a poca distancia una luz pálida, una suerte de foco envuelto en una neblina, como una esfera gaseosa iluminada que se movía desde el espeso monte hacia el alambrado perimetral. Durante un lapso de casi 15 minutos y sin detenerse , dicha luminosidad lo acompañó varios kilómetros a una distancia del camión que no superaría los 15 metros sobre el lateral derecho del vehículo. En un año, en nueve oportunidades , la luz escoltó su recorrido, emergiendo del mismo lugar y ocultándose en el mismo punto donde solía perderse. Al principio Oscar Rojo sintió temor, en una oportunidad se detuvo para verla mejor, y cuando lo hizo la luz se alejó campo adentro.. Al paso del tiempo la enigmática y a la vez inofensiva luz, de un color amarillo muy pálido, aunque más cristalina en su centro, se hizo familiar, y hasta resultaba compañía. Tanto es así, que se había establecido una cierta relación entre testigo y fenómeno. En ocasiones la luz se adelantaba unos metros y empezaba a iluminarle el sendero, de tal modo que Rojos podía, en medio de la cerrazón absoluta, apagar las luces de su vehículo para seguir camino. En otro momento una luz similar apareció en la misma Colonia de Árbol Solo, en momentos que Rojo debía apagar el grupo electrógeno que alimenta hasta cierta hora a la reducida población. Al momento de cortar el fluido eléctrico la luz no se había ido, por el contrario, una luminosidad mayor y más refulgente que venía de afuera entraba por las ventanas. Rojos salió y pudo ver una esfera brillante, de un celeste puro y cristalino, que se había posado a no más de cinco metros del edificio escolar. Para volver a su casa inevitablemente debía pasar a menos de dos metros de la masa lumínica, y así pudo distinguirla bien. Su centro era más brillante y mas blanco, era una esfera de luz envuelta por un gas muy difuso. De ese centro parecían salir estrías luminosas que se difuminaban en la celeste niebla, mientras el interior tenía un extraño movimiento, como una pulsación. Cuando más cerca la tuvo, la luz se elevó iluminando los techos. Lo que vivió Rojo no es una experiencia única ni sobresaliente, tampoco carece de credibilidad, no solo porque su testimonio es sólido en todo contexto para la encuesta pertinente, sino porque las características de ésta observación se repite de forma incesante a lo largo de cada estancia y población de la zona, con personas distintas, con experiencias complejas que escapan del coto de la leyenda por vigencia, número, y temporalidad, por lo que no estamos ante un dato extraviado en anécdotas. Por el contrario, son hechos recientes y de una envergadura tal, que no pueden acomodarse a las explicaciones facilistas, tan comunes entre los escépticos.

FISONOMÍA DE LO EXTRAÑO

Cuando hacemos referencia a lo frecuente de las apariciones, estamos hablando de observaciones periódicas de carácter cíclico. Hay luces que suelen aparecer desde los montes, seguir marcha a muy escasa altura por encima de los alambrados perimetrales, apagarse o desviarse nuevamente monte adentro. En el ejemplo que damos mas arriba la luz es referenciada por decenas de pobladores. Existen luces identificadas con lugares y meses especiales, y los habitantes saben por experiencia cuando y de que modo pueden toparse con ellas. Tanto es así que para los forasteros y visitantes del lugar se suelen dar advertencias sobre que camino pueden tomar y a que hora transitarlos justamente para no dar con estas caprichosas manifestaciones luminosas, ahorrándoles un buen susto. Fenómenos similares se presentan en varias otras regiones del país siguiendo patrones mas o menos similares y donde no es sorpresa oír descripciones idénticas a las de La Pampa pues hoy se asume que tratamos con un fenómeno único. Estamos ante un evento substancialmente distinto a todo lo catalogado. Las luces suelen no solo tener horarios y lugares frecuentes, sino además conductas frecuentes que le dan identidad propia, por eso para los pobladores es fácil determinar que hará cada una según cuando y donde aparezca. Existe de hecho una clasificación por conductas y colores que también es posible encontrar desde el Delta entrerriano hasta el desierto de San Juan. Hay una suerte de decálogo de luces por colores que es tan acertado como palpable. En esta experimentada sentencia campesina las luces blancas son algo indiferentes al observador, por el contrario las luces rojas son las que más se acercan e interactúan con la gente porque achican distancias de manera casi desafiante con intenciones de ¨molestar o perseguir¨. En el Oeste Pampeano las luces rojas cumplen con esta convención tácita pero son las luces blancas o ligeramente amarillentas las que dominan la noche, variando su tamaño desde los pocos centímetros a los cinco metros de diámetro.

LA RUTA DE LOS OVNIS

Pero si las luces cortan el aliento de los pobladores cuando en el reino de la noche aparecen repentinamente y a corta distancia, causan verdadera consternación cuando una o más de ellas corren por el desierto camino a la ruta y se ponen a la par de algún vehículo cuando las manecillas del reloj sobrepasan la medianoche. Al parecer, y con mas frecuencia en la madrugada, las masas globulares luminosas acostumbran escoltar el tránsito de autos, camionetas y camiones durante prolongados trechos de camino, no importa la velocidad que se lleve, ni las maniobras que el conductor haga, ni donde vaya. El relevamiento permitió tomar conocimiento de una gran cantidad de sucesos como éste en los últimos diez años, particularidad que también se registra en los caminos vecinales que comunican estancias y puestos. Esta variante no es nueva en la temática OVNI, pero los investigadores vemos en el Oeste una intensidad notable y poco más que infrecuente en otras regiones. La regionalidad del fenómeno que estudiamos es una peculiaridad que se a hecho más intensa en las últimas décadas. Puntualmente las referencias sobre rutas o caminos donde los choferes observan Ovnis y son seguidos a corta distancia no son novedad. Esa mayor importancia se ve reflejada en los comentarios de los obreros que construían el tramo de ruta sobre el límite con Mendoza. Llevados hasta allí con camionetas de vialidad, coinciden a la hora de contar como una o varias luces, a horas muy tempranas, seguían de atrás a las pickup, cruzándose de un lado a otro, iluminando el camino, desapareciendo y reapareciendo, como si estuvieran jugando con sus azorados observadores.

LUCES QUE DESTELLAN EN EL PASADO

La actividad que estamos relatando no solo es continúa en el presente sino que viene manifestándose desde el pasado. En las tradiciones orales, creencias y folklore de las comunidades Ranqueles que predominaron en el área, es posible rastrear la presencia de las luces como partes de una leyenda. En su lengua daban el nombre de Cherrube o Cherrufe a la bola de fuego o luz mala, y Anchumallén a una entidad antropomorfa, pequeña, luminosa y parpadeante que recorre las arenas destellando y siguiendo a los de a caballo. Las tradiciones orales hacen referencia a amantes y princesas indias castigadas por el poder de la magia y los prodigios de la naturaleza. En un muy interesante estudio publicado como PROGRAMA DE INVESTIGACIONES SOBRE EPIDEMIOLOGÍA PSIQUIATRICA EN LA ZONA DEL DESAGUADERO SUR (cuyo Director Fernando Pajes Larraya trabajó en toda esa región), se transcriben viejos y recientes relatos de creencias y temores populares, donde las luces juegan un papel primordial. Esos relatos son un calco de lo que cientos de personas afirman ver en el presente. No es la psicosis reinante la que hace que locales y forasteros hablen de sus vivencias sino la presencia de un fenómeno auténtico. Los fantasmas, como parte de esas leyendas, han ido desapareciendo de los relatos, pero las bolas de fuego tienen la vigencia de lo perenne porque son visibles aún para los incrédulos. Un joven Cacique de la Colonia Emilio Mitre, a la sazón una de las últimas reservas Ranqueles, nos dice: ¨anteriormente mi pueblo tenía miedo de las luces porque se decía que anunciaban desgracias, pero la gente aprendió a convivir con ellas porque no hacen mal alguno. Mi abuelo solía decir que si veía una luz y era corajudo, la luz esa se acercaba. Pero que si tenía miedo la luz se iba y se quedaba lejos¨. Algunos de estos fenómenos parecen interactuar con el observador. Avanzan a la par de uno, muy cerca, se detienen cuando uno se detiene, pero si se siente pánico éstas se alejan. Camioneros, policías, pilotos, y pobladores en general han hecho idéntica referencia. Cuando se habla de un fenómeno ïnteligente¨ se hace hincapié en el factor de la INTERACCIÓN entre luz y testigo. No estamos hablando de destellos lejanos sino de cuerpos luminosos que se ponen a escasos metros de la gente y de los vehículos, acompañándolos largos tramos de camino, respondiendo la iniciativa del testigo, tal como si manifestaran una voluntad propia, que es imposible de compararse con otros fenómenos naturales, a cuya lista se recurre sin éxito para tratar de comprender lo que estudiamos. Esta es gente acostumbrada a su medio. Reconocen el paisaje nocturno, saben diferenciar luces de autos, de aviones y de focos para caza. Ven meteoritos, relámpagos, tránsitos comunes a su paisaje porque dependen del medio. Más de una vez han visto centellas cruzar los campos y matar su ganado, hacer estruendos al chocar contra árboles y postes. Lo que los sorprende nada tiene que ver con lo que ya han visto. Saben que no hay peligro, pero por menos importancia que den a las ¨luces malas¨ están seguros de que es algo raro y con identidad propia, que convive y que voluntariamente ¨se acerca¨. Sus relatos son creíbles y su espontaneidad, elocuente

EL CASO DE ESTER MOYANO

Sorprende la forma natural en que el fenómeno se incorpora a la vida cotidiana, y que en algunas personas dejan marcas que pueden pasar inadvertidas para la mayoría, rastros de una realidad que por su simpleza corren el riesgo de quedar olvidadas aunque sean por sí mismas un notable testimonio. Es el caso de Ester Moyano, una pobladora del extremo oeste que vive humildemente sorteando las dificultades cotidianas en un territorio de suelo pobre, donde los recursos escasean y solamente se sobrevive. Para lograr el triunfo cotidiano sobre limitaciones que pocos considerarían posible de existir, Ester cuenta con la ayuda de unas habilidades manuales que son tradición entre las mujeres del lugar. Sus manos denuncian décadas de trabajo, y son diligentes y hábiles, como las de todos los que luchando con la tierra y han aprendido a convivir con las dificultades sin perder la generosidad y hospitalidad para con el extraño. Con esa destreza la Sra. Moyano fabrica artesanías en diversos materiales que el Ministerio de Bienestar Social de la provincia recolecta para luego ser vendidas en Santa Rosa y así ayudar a la economía de la mujer y de las familias más alejadas en la compra de artículos de primera necesidad. Ester es la autora de un tapiz tejido con lana de guanaco, que estando en exposición para la venta en las instalaciones de la Dirección de Turismo de La Pampa, llamó poderosamente nuestra atención por el esquema y figuras que presentaba. En dicho tapiz (ver foto) se representa la aparición de una extraña luz que durante la noche emerge de las sombras del desierto y se detiene sobre un amplio corral de cabras para dejar, luego, caer un poderoso haz de luz sobre los animales. El suceso tuvo lugar una noche no precisada del mes de junio de 1996 en el puesto ¨Las Rosillas¨ en el departamento pampeano de Chos Malal. Allí no hay luz eléctrica ni televisores. Ester Moyano vive con su anciana madre y un hermano. Jamás supo de la palabra OVNI, pero una noche sus ojos vieron una pirámide roja, invertida, en cuyo centro brillaba una esfera azul, y otra blanca sobre la parte superior del cuerpo principal. En un momento su luz cambió la noche en día. Los rayos emanados del extraño cuerpo eran como un sol que ¨hacia la noche como al mediodía¨, y logró ver ese prodigio nada menos que dos horas, hasta que finalmente se alejó en dirección a Los Payunes ( Volcanes que se encuentran en la región colindante de la Payunia mendocina, y que son visibles desde Chos Malal), para perderse y no regresar. Convengamos en que la importancia del tapiz es la misma que daríamos a una fotografía pues la intención de la mujer fue retratar con lana ¨la luz mas bonita que vi en mi vida¨. Luces que persiguen vehículos, bolas de fuego que cruzan el desierto, extraños fenómenos luminosos que navegan serenamente y en silencio ante policías, campesinos, autoridades, funcionarios y políticos, todo ello forma parte de un cúmulo de hechos que ha convertido al Oeste pampeano en uno de los territorios predilectos para el más formidable de los enigmas de nuestro tiempo: Los OVNIS. Algo más que la imaginación o la histeria atrae la atención de los investigadores y curiosos a un territorio agreste y plagado de misterios. Ese mismo espíritu ha movilizado a Enrique Stieben a escribir ¨HUALICHO MAPU. LEYENDAS, CUENTOS Y RELATOS DE LA PAMPA MISTERIOSA¨ ( editorial Albatros), con sus relatos increíbles que no nacen de la imaginación del escritor sino que son descriptivos de sucesos en los que la gente cree. En cuentos como LA BOLA, o ANCHUMALLÉN, Stieben rescata del anonimato la historia desconocida de las creencias ranqueles y las experiencias de los primeros pobladores criollos sobre el inhóspito territorio del Oeste Pampeano cuando todavía las aguas del Atuél desafiaban las arenas y hacían menos penosa la vida de la gente. La complejidad del fenómeno no se limita a su propia fisonomía, sino que trasunta con su impacto social y cultural (en las secuelas de infinitas experiencias), las fronteras de los prejuicios sobre los que se han basado todos los juicios negativos que hasta hoy impidieron la consecución de un serio estudio en el tema de las luces. Una puerta se ha abierto en la Provincia de La Pampa, y tal vez la imagen que nos deje ver no sea de este mundo