Caso «Los nenes del sur» por Néstor Berlanda

San Antonio Oeste – Río Negro (11 de febrero de 1995)

Por Néstor Berlanda
Grupo CIFO
Casilla Postal 748 (CP 2000) – Rosario – Argentina
Tel: +54 (41) 38-1830
cifo@interactive.com.ar

«…E1 color de los ojos… eran medio así tirando a oscuro pero bien grandes… yo veía una cosa así como una luminosidad eh… más… oscuro pero más como si tuvieran más brillo, que los ojos nuestros, pero no me asustó…»

María Angélica

«…y yo estaba como en una camilla, en una cosa rara sigo durmiendo… en el sueño. También había unas mujeres, pero eran más altas que los nenes, yo digo mujeres, pero capaz que eran hombres…»

María Angélica

A fines de mayo de 1995, nuestro colaborador y amigo el Dr. Luis Reinoso, autor del libro «Tras las Huellas de los Ovnis» nos pone en conocimiento de un posible caso de abducción que habría sucedido en el sur del país.

La persona en cuestión era una amiga de la prima del Dr. Reinoso. Esta prima, la Sra. Estela Houme, conociendo los intereses de su primo de Rosario decide comentarle lo que María Angélica Vidal le había relatado, dado que luego de escuchar lo sucedido a ella y su familia, el esposo de Estela, Dardo, relaciona su experiencia con las de otras personas cuyos casos aparecían en el libro de Luis.

De esta forma deciden ponerlos en contacto. Luis a su vez teniendo algunos datos del caso y sabiendo que estábamos trabajando específicamente en este tema decide ponernos al tanto del mismo e intentar una investigación conjunta.

Lo importante de este caso era que no estaba contaminado por la prensa y dado los datos preliminares con los que contábamos aprecia como un suceso verdaderamente sorprendente.

El primer diálogo que mantuvimos con la protagonista la realizamos mediante una comunicación telefónica, los datos que iban apareciendo en el relato nos motivaron a planificar un viaje a la ciudad de Cipolleti que concretamos un mes más tarde.

El caso se presentaba como algo sumamente complejo con la particularidad de presentar varias aristas, una más enigmática que otra pero que en su conjunto formaban un rompecabezas totalmente coherente digno de estudiar.

Haremos una breve síntesis del caso para luego ir desarrollando paso por paso algunos de los hechos que más nos llamaron la atención


María Angélica junto con los integrantes del grupo CIFO.

Septiembre de 1994 – Posiblemente madrugada
Dormitorio matrimonial de la flia. Vidal

En esta primera comunicación María Angélica relata una experiencia que le aconteció en setiembre del año 1994, mientras estaba en su dormitorio a la víspera de hacerse una biopsia del seno izquierdo.

Semanas antes se le había detectado un nódulo(¿o nódulos?) en uno de sus pechos, ante lo cual el médico había decidido realizar algunos estudios complementarios, entre ellos una mamografía, cuyo resultado lo había intranquilizado, por lo cual decide realizar una biopsia a los fines de identificar la naturaleza de dicha formación.

El estado de María Angélica era de gran ansiedad y angustia dado que la misma suponía saber cual sería el resultado de los estudios: CANCER.

La noche anterior a la biopsia se acostó pero no pudo conciliar el sueño, en su mente rondaban los pensamientos más oscuros respecto a su futuro inmediato, de repente como viniendo desde ningún lugar la habitación se llenó de una extraña luminosidad, la cual fue recordada primeramente como una luz que inundó la habitación, luego y afinando los recuerdos nos diría que era como una luminiscencia tenue que lo inundaba todo, que parecía filtrarse desde todos lados.

«…estábamos acostados con mi marido y… yo siento que me hablan entonces yo lo toco a mi marido, y… ¡no era mi marido! Y yo sentía una voz muy linda, muy lejana… una voz que no era definible era una voz que no era ni de hombre ni de mujer… no se podía definir. En ese momento veo como una luz que llena la pieza, era una claridad pero no era esa que entra por la ventana… era una cosa linda… era… y se sentía como una paz, una cosa rarísima, que yo todavía le digo a Estela, esto no se lo puedo contar a nadie porque… van a creer que estoy loca… porque le digo la verdad es una cosa que hasta el momento a mi me cambió muchísimo, después que hablé con esto me cambió muchísimo muchas cosas».

María nos recordó que su habitación no da a la calle lo que podría haber explicado que la luz de mercurio se filtrara por la ventana, sin embargo, no se trataba de eso, sino de algo diferente. No terminaba de salir de su asombro con respecto a la luz cuando de repente empezó a escuchar una voz que se dirigía a ella, no a sus oídos sino a su cabeza, María Angélica se encontró entonces sumida en una PAZ indescriptible, decididamente preguntó a la voz si se trataba de la «muerte» que la venía a buscar, dado que estaba convencida que sus días sobre este mundo llegaban a su fin, sin embargo, la respuesta de la voz no se hizo esperar, lo hizo con otra pregunta, «¿qué es la muerte?». A partir de allí entablaron un largo y nutrido diálogo, del cuál María Angélica confiesa no poder reproducir exactamente el tipo de palabras utilizadas.

«Hablaba como en verso, despacio, pausado», «pero no puedo recordar las palabras exactas, me cuesta mucho, muchas son palabras que no conozco…»

En líneas generales de acuerdo a lo manifestado por María Angélica, el diálogo versó sobre diferentes temas de índole filosófico, como la inexistencia de lo que denominamos como muerte, de una preexistencia, de la vida, de los valores, de la importancia de la espiritualidad, del contacto con los seres que nos rodean.

María Angélica cree que se trataba de un «SER DE LUZ», al cuál no recuerda haber visto en ningún momento, su voz no podía distinguirse femenina o masculina, pero causaba una gran paz, en un momento ella preguntó por que le sucedía esto a ella, se le respondió «¿por qué no?»

La «voz» trató de alguna manera de tranquilizarla respecto de sus propios pensamientos, María Angélica trató de que Juan que dormía a su lado se despertara, pero fue inútil, no pudo conseguirlo, tan de repente como había empezado la «voz» y la luminosidad cesaron.

Septiembre de 1994 – A la mañana siguiente
Sanatorio Río Negro – Cipolleti

Consultado el especialista en mamas decide hacer una última exploración antes de realizar la biopsia, realiza una última radiografía (posiblemente una mamografía o una ecografía) a los fines de hacer una punción correcta, pero algo en el resultado de esta última exploración lo deja profundamente asombrado.

María Angélica recuerda las palabras del médico: «vos crees en los milagros… porque acaba de ocurrirte uno». María pregunta por que, él le muestra la última radiografía, en la misma no había ni rastros del o los nódulos que tanto intranquilizaron al médico y a María.

María hace referencia a su problema de tiroides, y pregunta al médico si no se trataría de eso, el médico aún perplejo llama a una colega endocrinóloga, le muestra las radiografías anteriores y la última, pregunta a su colega acerca de lo que allí ve. La endocrinóloga que no sabe que contestar, se le pregunta acerca de la posibilidad de que si esos nódulos fuesen originados por un mal funcionamiento hormonal, cuanto tiempo sería necesario para que los mismos se reabsorban. La especialista responde que de 7 a 9 meses con un buen tratamiento, el médico trata de explicarle que esta remisión solo lleva una semana, ella admite que eso es imposible, que se deben de haber confundido de radiografías, que las que muestran un pecho sano deben de pertenecer a otra persona.

Viernes 10 de febrero.
Cipolleti – Río Negro

La familia Vidal se prepara para salir de viaje. El motivo del mismo es una excursión de pesca a la bahía de San Blas. Juan de 50 años, María Angélica de 47, Julio de 16 y su primo de 14 años preparan el vehículo TRAFIC para el viaje.

Madrugada del Sábado 11 de febrero – 1:30 aproximadamente. San Antonio Oeste – Río Negro

Después de haber viajado por la ruta 22 y la 250, Juan quien maneja el vehículo con María Angélica de acompañante, decide cargar nafta en una estación de servicio un poco más allá del cruce de las rutas 251, 2 y 3. Carga el tanque completo, decide seguir adelante ya que no siente sueño. Generalmente cuando esto sucede decide aparcar la Traffic en un parador para camiones, comunes en diferentes rutas y allí dormir un rato para luego seguir adelante

Madrugada del Sábado 11 de febrero – 1:50 aproximadamente. En algún lugar de la ruta Nacional Nº 3 cerca del camino que lleva al puerto de San Antonio Oeste.

Después de recorrer una veintena de kilómetros aproximadamente por la ruta Nacional Nº 3 que lleva a la ciudad de Viedma, Julio y su primo sugieren a su padre dirigirse hacia el puerto de la ciudad de San Antonio Oeste, ante lo cual Juan responde que no porque prefiere seguir adelante.

Momentos después Juan siente sueño de repente, Julio no sentía sueño, sin embargo, todos deciden dormir un poco, Juan y María Angélica recuerdan que se podían observar las luces del puerto por las ventanillas del vehículo, y a la distancia las luces de la estación de servicio, ajena a las costumbres de Juan decide aparcar el vehículo a la vera de la ruta, para ello recuerda haber buscado un lugar específico dado que a los costados de la banquina crecían unos «yuyos» bastante altos, al encontrar una especie de hueco entre esos yuyos decide estacionar el vehículo.

«Dormimos, sí que es rarísimo porque estamos acostumbrados a viajar, nunca nos dormimos pesado ninguno porque nosotros teníamos casilla estamos acostumbrados a viajar, pero siempre que estamos a la orilla de la ruta nunca nos dormimos pesado, lo que me llamó mucho la atención es que mi marido haya parado entre los yuyos una cosa que yo siempre digo porque él siempre para donde hay camiones cuando le dá sueño… y que haya parado en la orilla, me llamó la atención, dice: no gorda vamos acá tenemos las luces ahí, luz acá dice de la estación de servicio, estamos cerquita dice».

Juan prepara un arma que lleva siempre consigo cerca de él, entre sus piernas en el suelo del vehículo, Julio que no tenía sueño, al igual que su madre y su primo, sienten la irresistible necesidad de dormir, Juan y María Angélica recuerdan haber observado las luces del puerto antes de dormirse.


Mapa de la zona.

Madrugada del Sábado 11 de Febrero – 4:00 aproximadamente. En algún lugar de la ruta Nacional Nº 251, a pocos kilómetros de General Conesa

Aparentemente la primera en despertarse es María Angélica, aunque podría decirse que todos despiertan al mismo tiempo, Juan despierta plenamente consciente, casi como si no hubiera dormido, sin embargo al mirar su reloj se da cuenta que pasaron 2 horas. En ese instante María le comentaba que había tenido un sueño extraño en el que veía a unos «nenes» pequeños y pelados, muy brillantes que le habían hecho algo en el brazo izquierdo.

«Y nos dormimos, pero un sueño de 1,30 horas, pero un sueño profundo que lo que me llamó la atención, y yo pensé‚ que estábamos durmiendo… yo… nos despertamos y yo miré para afuera, yo me puse a preparar el mate, porque tengo una traffic, entre que lo despierto a mi marido me puse a preparar el mate y yo estaba con todo el asiento reclinado para atrás, prendo la luz‚ él se despierta y sigue tirado en el asiento charlando conmigo, vos sabes negro, le digo que tuve un sueño raro, le digo, un sueño de lindo, me dice ¿qué pasó?, no sé‚ vos sabés que soñé que venían unas personas vestidas medias de blanco, pero un blanco raro, no era un blanco… un blanco medio brilloso pero no era brillo de que haga mal… no… era un blanco demasiado blanco le digo… y eran unos nenes todos pelados, unos ojos achinados. Si unos nenes, para mí eran ¿no? ojos achinados, una nariz chiquitita, una boca chica, y digo yo, y unos dedos largos y finitos y me tocaban así y se reían, me daban la sensación que se reían, tenían unos ojitos de raro, le digo: no me asusté. E1 color de los ojos… eran medio así tirando a oscuro pero bien grandes… yo veía una cosa así como una luminosidad eh…más… oscuro pero más como si tuvieran más brillo, que los ojos nuestros, pero no me asustó, le digo y medio que se reía, y yo todavía en el fondo le dije ay, le digo el brazo, el brazo, que me dolía pero no el brazo que ellos me tocaban y se reían, el otro brazo… y yo estaba como en una camilla, en una cosa rara sigo durmiendo… en el sueño. También había unas mujeres, pero eran más altas que los nenes, yo digo mujeres, pero capaz que eran hombres. Las mujeres no estaban vestidas como los nenes tenían como una especie de túnica que le cubría la cabeza también, eran dos que estaban del otro lado, del brazo que tenía estirado y me dolía, no del lado de los nenes que me tocaban».

Mientras todos van recobrando la conciencia, Julio que viajaba con su primo en la parte de atrás del vehículo, comenta que durmió mal y que le duele un poco la espalda a la altura de la región lumbar, mientras hacían estos comentarios Juan decide ponerse nuevamente en marcha, pero al observar por el parabrisas y las ventanillas del lado derecho, nota muy asombrado que algo no esta bien. Rápidamente se da cuenta que las luces del puerto no están donde las habían visto antes de dormirse, ni las de la estación de servicio. Tampoco están los pastos altos a la vera de la banquina. Un poco asustado pregunta a su hijo si reconoce el lugar, ante lo cual Julio responde que no, que no están donde habían estacionado, dado que allí afuera se percibe un llano sin ningún tipo de yuyos o pastos altos, conmovidos reanudan el viaje, sin que nadie haya bajado del vehículo. Juan se siente desorientado y asegura que no sabe donde está, que no es el lugar por donde el venía. Juan conoce muy bien estas rutas dado que trabajaba para la dirección de energía provincial arreglando estaciones transformadoras, y había recorrido en innumerable cantidad de veces esas rutas. María se dispone a cebar unos mates y pregunta si todos están bien, ante la respuesta afirmativa del grupo comenta que no se preocupen ni se pongan nerviosos, que no les a pasado nada, a poco andar encuentran uno de los carteles señalizadores que reza Gral. Conesa 15 km.

«Cuándo le cuento a mi marido que hago así, me toco el brazo y le digo, ¡ay, negro! me duele el brazo y mi marido me dice, ay gorda lo único que‚ falta que también en los sueños te empiecen a doler las cosas ahora, me dice, cargándome. No ves que con vos no se puede hablar y entonces se agacha así para levantar… porque abajo del asiento está el coso para enderezar el asiento. Hace así mira para afuera y me dice, gorda ¿dónde estamos? ¿Cómo donde estamos?, donde paraste vos. No gorda yo acá no paré‚ me dice, acá‚ no, esto es todo descampado. Digo no me hagas esos chistes negro, encima con el sueño que tuve. Gorda, me dice, ¡por Dios que acá no paré! Le digo no negro, no jodas entonces se da vuelta y despierta a mi sobrino y a mi hijo y le dice ¿chicos paramos acá? No, dice tío, acá no y empezaron a mirar todo. Dice: si esto está todo arado, si la orilla está todo… no acá no paramos. Entonces le digo yo, bueno, yo lo vi a mi marido muy nervioso y a los chicos también, ya estaban en el asiento nuestro no en el de atrás, mirando por entremedio, y digo: bueno ¿estamos todos bien? Si, bueno entonces no nos hagamos problemas… y sigamos».

En ese momento el asombro es máximo, sumado a un poco de temor dado que en ese preciso momento se daban cuenta que de alguna manera que desconocían, no solo habían retrocedido, sino que se habían desplazado a otra ruta en el termino de las 2 horas de sueño.

María al darse cuentan que su brazo izquierdo le sigue doliendo, decide levantarse la manga para investigar. Se sorprende al ver que en el mismo hay unas extrañas marcas circulares a la altura del antebrazo en número de 3 ó 4 y una un poco más marcada cerca del pliegue del codo donde se aprecian como 3 «pinchazos». Quiere mostrarle esto a Juan , pero según palabras del mismo, dijo a su mujer que se deje de «hinchar» con eso, haber si todavía empezaba con que los sueños dolían, que se deje de joder con eso que el no quería ver nada. Julio recuerda el enfado de su padre. Llegados a Conesa descienden en una estación de servicio para ir al baño, es allí donde Juan se da cuenta que el tanque de la Traffic esta COMPLETAMENTE LLENO, lo cual indica que desde la salida de San Antonio donde había cargado nafta hasta donde se encontraba, aproximadamente unos 90 o 100 km., no había gastado una sola gota de nafta.

María se cerciora de las marcas de su brazo, y ante el hecho que Julio insistía con su dolor de espalda, decide levantar las ropas del joven para encontrarse con unas marcas exactamente iguales a las que ella tenía en el brazo, lo cual le llamo mucho la atención pero al no tener una explicación para las mismas, sencillamente prefirió seguir adelante sin hacer demasiado comentario acerca de lo ocurrido.

De una forma u otra ninguno de los pasajeros pareció hacer demasiados comentarios acerca de los hechos ocurridos durante el fin de semana de campamento en San Blas, solo que Juan esta ves, y ante el asombro de los suyos, decidió no pescar

Lunes 13 de Febrero.En una estación de servicio de la ruta Nacional Nº 3 cerca de San Antonio

Al regresar del viaje Juan decide regresar por la misma ruta que tuvieron que tomar cuando notaron que misteriosamente habían abandonado la ruta 250 a Viedma. Su intención era la de encontrar el lugar donde supuestamente habían estacionado. Sin embargo, la búsqueda fue en vano, no encontraron nada que se pareciera al lugar de los yuyos altos a la vera de la ruta, lo cual en apariencia terminaba de confirmar que no se habían equivocado de ruta.

Al pasar por una estación de servicio, Juan preguntó al empleado cuanto gastaría de nafta si tuviera que hacer el recorrido desde las afueras de la ruta 250 hasta las cercanías de Conesa, ante lo cual recibió la respuesta que un cuarto de tanque aproximadamente, sin embargo el estaba plenamente seguro que en ese trayecto su vehículo no había gastado ni una sola gota de combustible.

Martes 14 de Febrero, después del mediodía.
Cipolleti – Río Negro

Ya de regreso en su ciudad y tras haber comentado lo ocurrido a algunos amigos íntimos, Juan recibe la noticia de parte de un amigo suyo que en el diario Río Negro de ese día, en la página 33 del mismo había aparecido una nota sobre unos Ovnis que se habían visto sobre la playa las Grutas de San Antonio. Este amigo incluso le gastó una broma diciéndole que eran éstos lo que lo habían llevado el fin de semana.

Más allá de estos esporádicos comentarios los miembros de la familia Vidal, no hicieron referencia pública de lo que les había ocurrido, quizá porque ninguno de ellos podía encontrar una explicación lo suficientemente satisfactoria para dar, lo cierto es que mantuvieron el incidente en secreto.

Comienza la Investigación

Un suceso como el que les ocurrió a la familia Vidal no es algo que pase todos los días. En nuestro país los antecedentes de un caso similar se remontan al año 1968 en donde la prensa de aquel entonces se hacía eco de lo que le había ocurrido coincidentemente a otra familia Vidal, pero ésta de Bahía Blanca quienes en un viaje de Chascomús a Mar del Plata y luego de atravesar una extraña niebla aparecen nada menos que en ciudad de México. Mucho se habló del caso pero lo cierto es que nadie pudo nunca entrevistar a los Vidal, y el caso podría considerarse en la categoría de una leyenda urbana. Algunos investigadores sostienen que el mismo no fue más que la propaganda de una película argentina de la época poco conocida llamada «Che Ovni», con Jorge Sobral y Javier Portales en donde el protagonista, Jorge Sobral es abducido por un ovni cuyo comandante era Javier Portales. Sobral aparece de la nada en París en donde triunfa como cantor de tangos.

Más allá de lo anecdótico de este suceso, en el caso de 1995 sí tuvimos la suerte de entrevistar a los testigos y convivir con ellos por espacio de una semana si tomamos en cuenta los dos viajes realizados a Cipolleti.

Es cierto que en este tipo de sucesos son pocas las pruebas concretas que pueden recogerse y que más allá del relato o las marcas que presentaba María Angélica, pero también es cierto que el tipo de trabajo realizado enmarcado en lo que podríamos llamar observación participativa nos permitió ir recolectando una serie de datos que no solo nos permiten darle un alto margen de credibilidad al caso sino que lo colocan como uno de los sucesos de abducción más importantes del país.

Las largas horas de charla observando y debatiendo junto a la familia, los gestos de sorpresa al ver ciertos dibujos, la ansiedad de Juan cuando relataba su sorpresa al haber aparecido en otra ruta y a 93 km. de donde dejó su vehículo, los elementos comunes a otros casos similares en otras partes del mundo y de los que no tenían referencia el matrimonio Vidal y finalmente los datos que fueron apareciendo en la recuperación de recuerdos conscientes en donde al igual que los patrones observados en otros sucesos nos hablan de una «historia» personal con el fenómeno, nos dan los indicios claros y contundentes que algo extraño aconteció en la madrugada del 10 de febrero de 1995.

Nuestra primera sesión de trabajo comenzó después de un almuerzo. Poco a poco fuimos abriendo la trama de quien estaba frente a nosotros, no averiguamos, «nos enteramos» quien era María Angélica.

Casi como en una improvisada sesión terapéutica, discurrió frente a nosotros la infancia, la adolescencia, los recuerdos emotivos referentes al padre y al tío, sus hermanos, las vacaciones en el mar, sus enfermedades y dolencias, sus sufrimientos, sus alegrías.

Así pudimos armar una especie de retrato, una mujer de 47 años, casada con Juan, madre de Julio, trabajadora y compañera, con una posición social de clase media, lograda a base de esfuerzo, y con mucho más esfuerzo para mantenerla en la argentina del 95.

Su carácter es reservado, aunque no duda un instante en defender sus posturas con firmeza, radical no fanatizada, contempla la realidad de su provincia objetivamente, poseedora de un mundo interno basto, que se trasluce en su mirada, en sus silencios, acostumbrada a callar, sumamente observadora, curiosa, influenciable en la lógica medida de aquel que busca sin encontrar respuestas.

Se trasluce como una persona sumamente sensible, su trato con los animales, su facilidad para maravillarse, por momentos recuerda a un niño asustado, temeroso de preguntar o de responder algo que los demás consideren incorrecto.

A simple vista se muestra como una mujer de 1,65 m aproximadamente, con un cuerpo robusto, relleno sin llegar a la obesidad, junta mucho las manos, como queriendo protegerse de algo o de alguien.

Es sobria, viste colores generalmente oscuros durante nuestra visita, su pelo permanece siempre recogido detrás de su cuello, permitiendo mostrar un rostro redondo con una frente que se levanta firme, sin ser altanera, sus ojos esquivan temerosos ciertas preguntas, se sabe limitada, le faltan palabras.

Expresiva, se la nota suelta, decidida a enfrentarse a si misma, quiere saber, luego de estudiarnos decide confiar, se entrega, acepta la posibilidad de una relajación consciente.

Por momentos parece atestiguar un mundo que solo ella conoce, se emociona hasta las lágrimas, no existe en ella discurso alguno que lleve a pensar en una fabuladora que conoce del tema OVNI, o raptos, no parece darle gran importancia a la televisión, conoce lo que en el pueblo se comenta, y lo que se dice de otros lados, ¿quién no conoce a Uritorco?

Al observar por casualidad un dibujo que realizamos sobre lo que ella relata, se queda muda, atónita, paralizada, solo atina a señalar con sus dedos la hoja de papel, sus ojos se abren de par en par, reconoce la típica figura de los seres que protagonizan los raptos, sus «nenes peladitos». Nos mira a los ojos como inquiriéndonos a que hablemos, leemos su mirada: «¡Uds. también los vieron, los conoce! ¡Entonces no estoy loca!».

Simplemente nos remitimos a responderle que lo que allí dibujamos se basa en su relato y en el relato de cientos de personas que alrededor del mundo aseguran haber visto lo mismo. Se siente más tranquila, se relaja. No deja de asombrarse y mirar el dibujo de la hoja, lo muestra como un trofeo, un trofeo a su cordura

Sinopsis

Durante la mayoría de la tarde los diferentes momentos de la entrevista fueron grabados en cintas magnetofónicas y de vídeo sumado a una serie de fotografías que atestiguan la permanencia de punciones en el brazo izquierdo de María Angélica.

Dicho material una vez desgrabado permitiría observar en detalle los diferentes temas tratados, así como la variada gama de respuestas y comentarios obtenidas a lo largo de la tarde.

Aproximadamente a las 18 hs hizo su aparición Julio, el único hijo de María, con quien intentamos entablar rápidamente una relación que nos permitiese indagar acerca de lo sucedido.

Intentemos seguir un razonamiento que nos habíamos planteado con anterioridad en el viaje, si María era una fabuladora era lógico suponer que en la memoria de su hijo no existiría rastro alguno de la supuesta abducción, recordando en todo momento que llegados a este punto María hacia referencia solamente a un «sueño». Por lo tanto para evitar una pista falsa habíamos decidido no empezar los trabajos de recuperación de recuerdos conscientes con la perceptora principal, sino con algunos de los perceptores secundarios, en este caso Julio cumpliría con este rol a la perfección.

En un primer momento Julio se mostró reticente y esquivo, sumamente desconfiado, parecía querer proteger a su madre de algo que el suponía no conveniente, fue quizá esta actitud la que nos permitió poder trabajar primeramente con la nueva técnica de recuperación de recuerdos ideada meses atrás.

Julio no se cansaba de repetir a manera de defensa que el no recordaba nada extraño, que solo recordaba haberse dormido en la Traffic y nada más.

A manera de juego y tentando su valentía le explicamos el procedimiento de lo queríamos realizarle a su madre, lo cual parecía incomodarlo, se traducía una actitud escéptica hacia nosotros, entre bromas y comentarios le propusimos la posibilidad que existiera en su memoria algún indicio que nos permitiera aclarar lo sucedido, le propusimos intentar con él, el primer trabajo de relajación.

Ya sea por proteger a su madre, o demostrar la valentía de un joven de 16 años que no tiene nada que ocultar o convencido, en el fondo, de que nada había sucedido durante esas horas de sueño aceptó un tanto intranquilo el reto.

Subimos a una de las piezas de la planta superior, que luego se convertiría en nuestros dormitorios, acomodamos las condiciones de luz y nos aprestamos a desentrañar la trama de lo acontecido aquella madrugada de febrero.

Uno de los hechos que nos llamó la atención fue que tanto Julio como el resto de su familia relatan que no tenían sueño, que el mismo les vino de repente, esto no tendría la más mínima importancia si no fuera que en el contexto de los sucesos de abducción el sueño repentino se presenta como una de las pautas más comunes en los relatos.

– Bueno vamos a situarnos ahora cuando ustedes dejan la Traffic, cuando ustedes estacionan la Traffic, ¿te acordás como era el lugar?

– Una banquina chiquita y con muchos yuyos.

– Con muchos yuyos ¿estás viendo el lugar? ¿Y qué estás haciendo vos en este momento?

– Estoy atrás con mi primo

– ¿Y qué estás haciendo, estás hablando?

– Sí, no quería dormir.

– ¿Quién no quería dormir?

– Yo.

– ¿Por qué no querías dormir?

– Porque no tenía… se me había ido el sueño.

– Se te había ido el sueño, bueno y qué pasa cuando empezás a conciliar el sueño?

– Sí, me tiré en el asiento, se quedó todo en silencio, me dormí, no se… no… Me dormí rápido, no… no… estaba hablando con mi primo y me… me quedé dormido, no había un tiempo que me iba dando sueño, me dormí de repente.

Del relato de Julio se desprenden algunas circunstancias que no dejan de llamarnos la atención. Si bien es cierto que Julio podría verse influenciado por lo que supuestamente le hubiera ocurrido a su familia, no es menos cierto que algunos elementos del relato resultan sumamente significativos y más aún cuando lo comparamos con lo que apareció en la regresión de María Angélica.

– Tratá de ver a través del velo de esa oscuridad que te rodea, abrí tu mentes a los recuerdos, dejá que los recuerdos fluyan. ¿Sentís algo?

– Frío.

– Frío.

– Sí.

– Si yo te digo que ubiques a la Traffic, podes ubicarla.

– Si.

– ¿Dónde está la Traffic?

– En la ruta.

– Que hay alrededor.

– Nada.

– ¿No había pasto?

– Nada.

– Pero dónde habían estacionado había pasto.

– Sí.

– ¿Ahora no hay pasto?

– No.

– ¿Y por qué no hay pasto?

– No sé.

– ¿Es el mismo lugar ?

– No. Es otro lugar.

– ¿Cómo llegó la Traffic ahí?

– No se.

– ¿Dónde estabas cuando la Traffic cambió de lugar?

– Dor… arriba.

– ¿Arriba?

– Sí… yo la veo de arriba a la Traffic

– ¿Ves la Traffic que está estacionada?

– Sí.

– ¿Y ves si hay alguien adentro de la Traffic?

– No… no, veo de arriba.

– ¿Desde dónde ves a la Traffic?

– Desde arriba… estoy sostenido por algo.

– ¿Por qué?

– Algo que me agarra de la espalda… estoy afuera.

– ¿Qué sentís?

– Frío.

– Y vos de ahí ves la Traffic.

– Sí

– ¿Y qué hay alrededor de la Traffic?

– Está oscuro.

– ¿Y alrededor tuyo?

– Oscuro.

– ¿Tu mamá dónde está?

– No sé. Siento como que me estoy dando vuelta.

– Que estás dando vuelta.

– Sí… me estoy poniendo…

– ¿Cómo te estás poniendo?

– Dando vueltas…

– ¿Y que ves cuando te das vuelta?

– No… doy vueltas… estoy como sobre algo que da vueltas.

– ¿Qué ves ahora?

– Que doy vueltas.

– ¿Te marea?

– No es como que me van subiendo cosas de abajo para arriba a medida que doy vueltas.

– ¿Cosas como qué?

– Como hormigas, una sensación rara.

– Y eso te molesta, te incomoda…

– Me gusta.

– ¿Y vos cómo estás?

– Despierto

– ¿No estás soñando?

– No

– ¿Tenés los ojos abiertos o cerrados?

– Abiertos

– ¿Y que pensás que te está pasando?

– No sé, como que me esta pasando algo… no… estoy como agarrado de la espalda a algo negro.

– ¿Y eso está agarrado a algo o está suelto?

– Está suelto.

– ¿Y dónde está?

– No sé… no… estoy como mirando para abajo pero estoy inclinado.

– ¿Qué hay alrededor tuyo?

– Todo negro… no hay nada.

– ¿Qué pensás que te está pasando?

– No sé… no entiendo.

– ¿Pensás que estás soñando?

– No sé.

– ¿Algo te impide recordar?

(silencio)

– No.

– ¿Y por qué no te acordabas de esto?

– No se… ahora siento que me voy para adelante y para atrás.

– Bueno serenate, relajate, ahora vamos a tratar de volver al momento en que volvés a la Traffic. ¿Cómo volvés a la Traffic?

– Aparezco en ella.

-¿Aparecés simplemente o venís de algún lugar?

– No.

-¿Cómo entrás?

– No se.

-¿Estás solo en la Traffic?

– Sí.

-¿Y los otros?

– No sé.

– ¿Los sentís cerca de tuyo?

– No

– ¿Seguro que estás solo?

– Sí.

– ¿Y dónde crees que pueden estar?

– No sé.

– ¿Y vos en que posición estás?

– Sentado.

– Estás sentado

– Sí.

– ¿Estás sentado en la Traffic?

– Sí

– Y el cuello, ¿cómo lo tenés, te duele?

– No.

– ¿Y la espalda?

– No.

-¿Y en el asiento de adelante está vacío o hay alguien?

– Está vacío.

– ¿Estás solo en la Traffic?

– Sí.

-¿Y la Traffic dónde está?

– No sé.

– ¿Y qué hay afuera de la Traffic?

– Nada.

– Uds. estacionaron en un lugar con yuyos. ¿Hay yuyos?

– No… es otro lugar… no se ve nada.

– Y por la ventanilla. ¿Qué se ve?

– Oscuro.

– ¿Dónde te parece que está la Traffic? ¿Está estacionada?

– Sí.

– ¿En dónde, en un camino?

– No.

-¿En dónde?

– Como un galpón, algo oscuro.

-¿Por qué decís un galpón?

– Porque veo como si estuviera oscuro afuera, pero negro como una pared no hay luz.

– ¿Seguro no es un camino?

– No. Es un galpón.

– Ahora quiero que nos situemos en el momento en el que volvés a estar con tu mamá tu papá y tu primo, como vuelven tus familiares. ¿Ves cómo vuelven?

– No.

– ¿Aparecen?

– No.

-¿Están?

– No.

– ¿Ves algo?

– No.

– ¿Dónde pueden estar?

– No sé… estoy otra vez…

-¿Otra vez…?

– Donde estaba al principio… en vertical.

– Tratá de decirme como llega la Traffic al lugar donde se despertaron. Primero estacionaron en un lugar con yuyos, después me dijiste que estaban como en un galpón, y ahora quiero que me digas como llegaron al lugar donde se despertaron. ¿Podés decirme algo, recordás algo?

– No…

– ¿Sabés cómo llega la Traffic ahí?

– No.

Como podrán apreciar en varias partes del relato hubo una clara inducción de parte nuestra al testigo, esto tenía dos objetivos, en primer lugar era un testigo secundario, sabía del «sueño» que había tenido su madre, la idea era ver hasta que punto este hecho podría desplegar su fantasía, teniendo en cuenta que conscientemente sabía que algo extraño había acontecido en la madrugada del 10 de febrero. En segundo lugar queríamos ver como funcionaba la técnica en un supuesto abducido que, además era influenciado en estado de relajación. Es cierto que el riesgo que corríamos era perder un testigo que pudiera de algún modo corroborar en parte lo relatado por María Angélica, pero no queríamos caer en el error de otros investigadores que consideran que lo «recordado» bajo hipnosis es una verdad revelada aunque nosotros no utilizáramos la hipnosis.

Valió la pena correr el riesgo. Julio no solo no se dejó influenciar sino que aparecieron dos elementos, que aunque poco significativos considerados aisladamente son de gran valor si los consideramos en la totalidad del caso.

La posición inclinada en la que Julio dice ver la Traffic se corresponde perfectamente al relato de María Angélica de como ascendieron en la luz (como veremos luego) y el hecho de estar en un momento dado solo en la Traffic también se corresponde con el relato de la principal testigo en manifestar en que fue la última en «volver». En cuanto a las marcas en la espalda no hay ningún indicio que indique como se las hizo, salvo el estar «aprisionado» a algo oscuro, pero especular con esto sería ir demasiado lejos

María Angélica

Entrevistamos a María Angélica Vidal mucho antes que llegara a nuestras manos el excelente libro de Kennet Ring, «El Proyecto Omega» en donde da cuenta que la mayoría de los abducidos y aquellos que atravesaron una experiencia cercana a la muerte presentan una infancia complicada, ya sea por malos tratos o enfermedades. Estas pautas nos iban apareciendo en los diversos casos que se nos presentaban y el de María Angélica no era la excepción.

Durante su infancia presentaba períodos de AUSENCIAS que llegan a durar varios días. Se considera una niña problemática. Se quedaba con la mirada fija y llega a estar hasta tres días sin comer. Es medicada hasta la adolescencia, posiblemente estos sucesos se correspondan con un tipo de epilepsia denominado petit mal, aunque hasta la fecha no pudimos corroborarlo.

Es interesante destacar que de acuerdo a declaraciones de la testigo después de estos sucesos de ausencias, los cuales comenzaban según la misma con una especie de llamado o zumbido que generalmente parecía provenir de algún lugar desde fuera de su vivienda, ante lo cual solicitaba a su padre que le llevase fuera, solía recuperar su percepción normal pero con la «seguridad» de que algo malo iba a suceder a algún miembro de su familia o a alguien cercano, lo mismo sucedía con cierto tipo de catástrofes naturales como ser el ejemplo de terremotos o tormentas. El padre de la testigo acostumbrado a la constatada veracidad de las predicciones de la niña solía llamar a los diferentes familiares para encontrarse generalmente con trágicas novedades.

Este tipo de crisis se desarrollaron hasta los 17 años, e inclusive recibió medicación. A partir de esa edad, cesan las crisis, pero llamativamente esto coincide con un hecho que aconteció mientras estaba en casa de su tío. Una noche ve por la ventana de la cocina una luz que se mueve entre dos árboles, se acerca a la ventana para ver mejor y luego no recuerda más nada, salvo el hecho de encontrarse llamando a su tío para que vea el espectáculo.

De este suceso hablamos en la primera entrevista y luego no volvimos a tocar el tema ni lo relacionamos con lo que María había vivido. La idea era tratar de volver a ese momento cuando María Angélica se encontrara en relajación profunda, pero sin que ella supiera de antemano a fin de evitar posibles contaminaciones en lo recordado. Esto es lo que apareció durante la primera sesión de recuperación de recuerdos conscientes:

– Bien. Ahora vamos a subir nuevamente en el ascensor y vamos a tratar de recordar lo que le pasó cuando tenía 17 años y estaba en la casa de su tío. A la cuenta de tres Ud. va a recordar lo que pasó aquel día. 1, 2, 3. ¿Recuerda algo María Angélica?

– La luz.

¿Cómo era esa luz?

– Fuerte.

– ¿Y qué más ve?

– Camino.

– ¿Hacia dónde?

– Hacia la luz.

– ¿Y qué más recuerda?

– Los nenes.

– ¿Y cómo son esos nenes?

– Los nenes.

¿Los ve bien?

– Sí.

– ¿Y cómo son esos nenes?

– Chicos.

– ¿Son amiguitos suyos ,chicos de ahí cerca, amiguitos del colegio?

– No.

– ¿Y qué hacen los nenes?

– Caminan.

– ¿Hacia dónde?

– Hacia donde estoy yo.

– ¿Ahora los ve más cerca?

– Sí.

– ¿Y cómo son?

– Chiquitos.

– ¿Son como otros nenes que Ud. conoce?

– No.

– ¿En qué se diferencian?

– Son pelados.

– ¿Ve algo más aparte de los nenes?

– Un hombre.

– ¿Qué hombre?

– Un hombre grandote.

– ¿Cómo es ese hombre?

– Grandote.

– ¿Ve algo más, alguien le dice algo?

– No.

– ¿Cómo es la cara del hombre grandote?

– Flaca.

– ¿Los ojos?

– Grandes.

– ¿La nariz?

– Chica.

– ¿La boca?

– Chica.

– ¿Los ojos?

– Grandes.

– ¿El color?

– Negros.

– ¿El pelo?

– No… no tiene pelo.

– ¿La cara es parecida a la de los nenes?

– Sí.

– ¿Tiene ropa?

– Si.

– ¿Cómo es esa ropa?

– Gris.

– ¿Y las manos?

– Largas.

– ¿Qué hace el hombre?

– Nada.

– ¿Y los nenes?

– Conmigo.

– ¿Y qué pasa después?

– Nada.

– ¿Cuántos nenes ve?

– Cinco.

– ¿Qué ve alrededor?

– Luz.

– ¿Y dónde está?

– En la neblina.

– ¿Y cómo es esa neblina?

– Con mucha luz.

– ¿Y van algún lado en especial con los nenes y el hombre?

– Sí. A la luz.

– ¿Y hay algo en la luz?

– No.

– ¿Le hacen algo los nenes o el hombre?

– No.

– ¿Conoce alguno de ellos , los vio antes?

– No.

– ¿Es la primera vez que los ve?

– Sí.

– ¿Y después qué hacen?

– Nada.

– Vamos a tratar de recordar si vio antes a los nenes, ¿vio antes a los nenes?

– No.

– ¿Al hombre?

– No.

– ¿A la luz?

– Sí.

– Abramos la mente a los recuerdos y vamos a tratar de recordar cuando vio la luz antes de los 17 años.

– Con mi abuela, en el patio.

– ¿Y qué ve?

– Una luz.

– ¿Y la abuela también ve la luz?

– Noo…

– ¿Cuántos años tenía?

– Era chica.

– ¿Recuerda cuántos años tenía?

– Noo.

– ¿Recuerda algo más de otra vez que haya visto la luz?

– No

En relajación María recuerda un primer encuentro con la luz alrededor de los 4 años cuando estaba con su abuela del cuál no tenía un recuerdo consciente.

Tanto la descripción de los «nenes» como la del «hombre» siguen las pautas encontradas en otros casos y puede verse claramente como hay una «historia» de sucesos anómalos. Inclusive a los 24 años sufre también una experiencia de casi muerte durante una intervención quirúrgica.

Hicimos dos experiencias de relajación y tanto en la primera como en la segunda aparecieron los mismos detalles en lo referente al sueño de febrero del 94, con excepción de que aquí y coincidiendo con Julio, María pude ver como todos salen de la Traffic llevados por una luz y ella es la última en regresar.

– ¿Recuerda cuando aparcan la Traffic al lado del camino, cuando empieza a dormirse, recuerda algo que le llamó la atención?

– El Lucero.

– ¿Cómo era el Lucero?

– Grande.

– ¿Qué más recuerda?

– La otra estrella.

– ¿Qué otra estrella?

– La otra estrella que estaba al lado del Lucero.

– ¿Y cómo era?

– Grande.

– ¿Recuerda algo más de esa estrella?

– Sí, brilla.

– ¿Y después de la estrella , qué más recuerda?

– La luz.

– ¿Qué luz?

– La luz.

– ¿Cómo era esa luz?

– Fuerte.

– ¿Recuerda algo más además de la luz, dónde está, está en la Traffic?

– No.

– ¿Dónde está?

– La paz.

– ¿Ud. está en la Traffic?

– No.

– ¿Dónde está?

– No sé.

– ¿Cómo siente el cuerpo?

– Acostado.

– ¿Tiene ropa puesta?

– No sé.

– ¿Cómo siente el cuerpo, con o sin ropa?

– No sé.

– ¿Qué más recuerda?

– Los nenes.

– ¿Recuerda si le pasó algo al Negro?

– No. Todos flotamos.

– ¿Quiénes son todos, Ud. y quiénes más?

– Todos.

– ¿Todos los que estaban en la Traffic?

– Sí.

– ¿Y adónde van?

– No sé.

– ¿Puede recordar adónde fueron los demás?

– No.

– ¿Están todos flotando?

– Sí, en la luz.

– ¿Y Julio estaba?

– Sí.

– ¿Y el negro?

– Sí.

– ¿Y su sobrino?

– Iba más arriba.

– ¿Quién iba primero entonces?

– Mi sobrino, el negro, yo y Julito.

– Ahora,¿ cómo volvieron a la Traffic, recuerda cómo regresaron?

– La luz.

– ¿Regresó Ud. sola o regresaron todos?

– No, sola.

– ¿Cuando Ud. llega a la Traffic, había alguien?

– Sí. Estaban todos.

– ¿Ud. fue la última en llegar?

– Sí.

– ¿Tiene idea que les pasó a los otros?

– No

La técnica de recuperación de recuerdos conscientes, como su propio nombre lo indica nos permite retomar lo manifestado por el percipiente luego de la relajación, ya que en ningún momento el sujeto estuvo inconsciente.

Cuando repreguntamos como eran que iban los otros miembros de la familia en la luz, María nos relata que su esposo, el negro iba en posición horizontal pero como si fuese mirando hacia un costado, su sobrino también horizontal pero boca arriba y ella como su hijo Julio los dos en forma vertical e inclinados hacia delante.

Este pequeño detalle coincide perfectamente con lo descripto por Julio en cuanto a la posición en la que estaba aunque él no recuerda nada más. María corrobora también lo manifestado por Julio en cuanto a que en un determinado momento el siente que está solo en la Traffic y que no están el resto de sus familiares, esto podría relacionarse con lo relatado por María cuando recuerda que ella es la última en volver.

En cuanto al sueño en sí es interesante ver como bajo relajación profunda aparece toda la secuencia completa de lo acontecido desde el momento en que se «duermen» hasta que «despiertan».

– Bueno, ahora vamos a ir subiendo en el ascensor lentamente y vamos a volver a la experiencia que tuvo con las señoras el pasado febrero. ¿Recuerda a las señoras ?

– Sí.

– ¿Qué hacen las señoras?

– Están ahí.

– ¿Qué le hacen las señoras en el brazo?

– Duele el brazo.

– ¿Puede ver que le pasa a su brazo?

– No.

– ¿Por qué no puede ver?

– Los nenes.

– ¿Le dicen algo los nenes?

– El pitito, se ríen.

– ¿Las señoras le dicen algo?

– No.

– ¿Y a los nenes las señoras le dicen algo?

– No.

– ¿Siente que le hablan sin palabras las señoras?

– No, me tocan.

– ¿En algún momento le dicen algo las señoras?

– No.

– ¿Y en el brazo que siente?

– Dolor… hasta el pecho. (1)

– ¿Tiene ropa puesta?

– No sé.

– ¿Siente alguna sensación en el cuerpo?

– Dolor.

– ¿Qué parte del cuerpo le duele?

– El brazo… el hombro… y el pecho… mucho. (2)

– ¿Ve algo más?

– Ventanitas.

– ¿Cómo son las ventanitas?

– Agujeritos.

– ¿Agujeritos, dónde?

– Arriba, en todos lados, agujeritos con luz

Luego de esta relajación que fue la segunda, María Angélica nos comenta que la habitación en que se encontraba estaba llena de luz que salía como de unos agujeritos que estaban en las paredes y el techo. Nos dice además que los nenes la entretenían para que ella no mirara lo que las señoras le hacían en el brazo, ella miraba a los nenes que la tocaban y se reían. En cuanto al dolor del brazo y el pecho no hubo ninguna relación con algún tipo de problema cardíaco o muscular, aparentemente el origen del mismo se debía a «algo» que las señoras le estaban haciendo en el brazo pero de lo cuál María no tiene un registro certero ya que ella estaba «entretenida» con los nenes.

Pudimos constatar en el brazo derecho debajo de la flexura del codo un triángulo equilátero perfecto de 5 mm de lado, los vértices de este triángulo eran como puntitos rojos apenas sobresalidos, rodeados de halos más oscuros. Cuando hicimos la exploración habían transcurrido casi seis meses del «sueño». Tanto la disposición de las marcas como la duración de las mismas nos permiten descartar algún tipo de picadura de algún insecto o una reacción alérgica.(3) Cabe destacar que según María Angélica Julio presentaba el mismo tipo de marca en la espalda que nosotros no pudimos corroborar porque aparentemente se habían desaparecido, muy probablemente debido a la textura y coloración de la piel de Julio, más oscura que la de su madre

Conclusiones

Si una conclusión pretende ser un juicio de valor sobre lo que les aconteció a la familia Vidal, lejos estamos de poder emitirlo. Su experiencia sigue los parámetros comunes a todos estos casos en donde lo narrativo cumple un papel protagónico fundamental.

Si nos atenemos a los hechos son demasiadas las «coincidencias» con otros sucesos en diferentes partes del mundo, incluso la historia personal de la principal testigo y su perfil psicológico.

La recuperación de recuerdos conscientes, si bien aportó algunos datos y creemos que podría tener mayor fiabilidad que la hipnosis bajo ninguna circunstancia podemos considerarla como algo fundamental en la reconstrucción de la experiencia, sino como un elemento más.

Como datos objetivos, más allá de la narrativa quedarían el trayecto de 93 kilómetros recorrido y el cambio de ruta, pero si nos atenemos a la exquisitez de una prueba validable es solo una parte más del relato de los testigos.

Las marcas tampoco aportan prueba alguna de nada, ya que fuera del contexto del relato podrían interpretarse como unas «extrañas» picaduras.

Pero ahora bien, esto que a la luz de una mirada escéptica aparecería como una historia más que no aporta nada nuevo al tema de las abducciones, vista con una perspectiva abierta y tomando todo los elementos en su conjunto nos dibuja un caso coherente, llamativo y digno de tener en cuenta. Porque si bien no podemos determinar que es lo que sucedió en realidad tampoco podemos caer en un reduccionismo explicacionista.

¿Quién se atrevería a decirles a los Vidal que no vivieron lo que vivieron, que fue un sueño, que se confundieron de camino, que creyeron estacionar en un lugar pero era otro, que se sugestionaron…?

Cuando uno convive con los protagonistas de estas historias puede comenzar a leer otras cosas, puede percibir si vivieron algo extraño o creyeron vivirlo. En el caso Vidal hay demasiados elementos que nos permiten aventurar la idea de que algo extraño pasó, algo que hoy todavía no podemos explicare dentro del marco lógico y concreto que reclama el paradigma actual. Podríamos caer en el facilismo de los creyentes y atribuirle todo a nuestros conocidos ET o podríamos pretender ser los defensores de la ciencia e intentar «encontrar» explicaciones «coherentes» a lo sucedido, pero no seríamos ni sinceros ni objetivos con nosotros mismos.

Nos permitimos quizás dejar abierto el interrogante, no para ser oscurantistas sino por tener la convicción de que al igual que antaño lo que hoy parece magia o algo sobrenatural quizás el día de mañana y desde otra perspectiva tenga una respuesta, respuesta que de alguna manera intentamos buscar a lo largo de este trabajo.

Pero más allá de nuestras opiniones nadie podrá borrarles a los Vidal los hechos vividos, al Negro, a Julito ,y a su primo saber que estacionaron en un lugar y aparecieron en otro, y a la principal protagonista del suceso el haber vivenciado, quizás desde su infancia la presencia de esos «nenes pelados», de esos «nenes del Sur».

Notas:

(1) En este momento la voz de María Angélica cambia y manifiesta en su tono de voz el intenso dolor que aparentemente sentía en el momento que está relatando. Lo mismo ocurrió en la primera regresión y fue tan intenso y manifiesto que por precaución suspendimos la primera regresión. Si bien es común que los hechos traumáticos se manifiesten bajo relajación con la misma intensidad emocional del momento en que ocurrieron, pensando que el dolor no se debía a un recuerdo vívido del momento sino a algún problema cardíaco fue que tomamos la decisión a fin de evaluar mejor el estado físico del percipiente.

(2) Nuevamente la voz de María Angélica se quiebra por el dolor.

(3) Es interesante destacar que en otros casos investigados hemos encontrado el mismo tipo de marca aunque en otra región del cuerpo (una en el muslo y otra cerca del tobillo). Estas marcas tenían la misma forma, es decir un triángulo equilátero, una de ellas de 5 cm de lado. Hasta la fecha no pudimos determinar su origen.