ALGUNOS COMENTARIOS FINALES SOBRE EL CASO BARILOCHE

Por el Prof. Oscar Uriondo y Juan Pablo Gómez
(Miembros RAO Buenos Aires)

Como conclusión a los trabajos ya presentados por los colegas O. Uriondo y J. P. Gómez, presentan esta conclusión del extraordinario suceso ocurrido el 31 de julio de 1995 en Bariloche. El mismo desestima definitivamente a las absurdas especulaciones escépticas sobre el caso. Es sabido que los negadores habían argumentado en principio que todo se debía a una confusión con cuerpos estelares. Derribada esa hipótesis por los colegas de la Rao, últimamente han vuelto a la carga con la increíble versión de un reflejo en la ventana del avión de Aerolíneas Argentinas (sic). A continuación, el trabajo de Oscar Uriondo y Juan P. Gómez, a modo de conclusión.

La clase de certeza a que es posible arribar mediante el análisis como el implementado en el «INFORME PRELIMINAR SOBRE EL CASO BARILOCHE»(1), se asemeja más al que se puede adquirir en el ámbito de las investigaciones de tipo jurídico. Tal restricción es lógica consecuencia de la metodología que nos impone la naturaleza de los datos con que debemos manejarnos en el campo de la indagación ufológica. No hay aquí, y más precisamente no la hay en los incidentes anómalos de Bariloche, datos objetivos permanentes, sino evidencias de muy diferente relevancia probatoria, a las cuales es menester evaluar minuciosamente, eludiendo en lo posible cualquier tendencia prejuiciosa y parcializada.

Dentro de ese marco limitativo, el estudio analítico de los hechos, circunstancias y testimonios, concernientes a los fenómenos aéreos presuntamente anómalos sobre la zona de Bariloche, reportados en la noche del 31 de julio de 1995, nos permite arribar a varias conclusiones en las cuales se dan elementos de certeza, juntamente con dudas y conjeturas.

En primer término, la contrastación de las hipótesis convencionales con los datos recopilados durante la investigación y evaluados de modo objetivo y racional, revela que ninguna de aquellas posee la suficiente entidad probatoria para ser calificadas como medianamente plausibles.

Porque en virtud a su configuración, los fenómenos aéreos observados no corresponden a ninguna expresión de la aerotecnología contemporánea, lo cual permite descartar como factores de identificación a todo tipo de aviones, helicópteros, globos sonda, dirigibles, etc. Y tampoco el comportamiento cinemático de tales fenómenos se compatibiliza con los de cualquier ingenio volador convencional y excluyen, por tanto, soluciones que involucren estímulos aeronáuticos y astronáuticos. Agreguemos a lo expuesto que durante la noche del 31 de julio, no hubo en el área de Bariloche, ningún lanzamiento de globos sonda y tampoco se reportaron vuelos de aeronaves militares, civiles o comerciales, ya fueron éstos programados o no.

Con respecto a las explicaciones astronómicas, el intento de reducir a las observaciones de Bariloche a cuerpos celestes, ya fuera planetas, estrellas o meteoritos, erróneamente percibidos es absolutamente inconsistente. Así lo demuestran los datos obtenidos mediante la implementación de softwares astronómicos, como el Expert Astronomer for Windows y el Ez Cosmos 3.0. En el caso de los eventos de Bariloche las posiciones de los fenómenos luminosos insólitos no coinciden con las de ninguno de los astros. Y en cuanto a meteoritos, ellos se manifiestan dentro de muy limitadas condiciones de movilidad (no efectúan cambios bruscos de dirección, ni de detenciones) y de duración (normalmente son fugaces, con duraciones típicas de 1 a 15 segundos, 30 segundos como máximo). El comportamiento de los fenómenos reportados es, en cambio, totalmente diferente tanto en duración como en movilidad.

En relación a las hipótesis óptico – atmosféricas que pretenden reducir las observaciones a meros fenómenos de reflejos o de refracciones lumínicas proyectadas desde tierra, subrayemos fundamentalmente que las condiciones meteorológicas prevalecientes el 31 de julio de 1995 no fueron adecuadas para la generación de efectos ópticos de alguna relevancia. El cielo, en estas instancias atmosféricas estaba despejado (dos octavos de nubosidad). Las nubes aparecían recostadas hacia el Oeste, como ocurre habitualmente en la zona. La mayor parte de las manifestaciones insólitas denunciadas se dieron precisamente en los sectores despejados del cielo, de modo que no existió en ese momento una especie de pantalla natural, como lo sería la base de las capas nubosas, donde se pudieran haber proyectado los haces luminosos (que por otra parte no se vieron en momento alguno) provenientes de supuestas fuentes de rayos láser o de reflectores de cualquier tipo. Además, no parece sensato admitir que un proceso reflectivo sea capaz de crear en los testigos la clara sensación de hallarse en presencia de configuraciones luminosas, definidas y permanentes, y no de puros efectos de luz. Tal como ocurre con el fenómeno «formado» con el AR-674 – el avión de Aerolíneas Argentinas – para la cual las soluciones facilistas de tipo óptico son remotamente posibles de aceptar. Lo propio cabe afirmar con relación a la «luz» percibida por la tripulación del GN-705, de la Gendarmería Nacional. Recordemos que esa fuente luminosa no puntual tenía ciertos rasgos peculiares: era pulsante – se prendía y apagaba alternativamente – era opaca, semejante a una «perla». Parecía, en los primeros instantes, el beacon de una aeronave militar de reacción y no la proyección de algún reflector con base terrestre. Recordemos también que el fenómeno se desplazaba por debajo del GN-705 en un área de cielo carente de nubosidad.

Por fin, respecto a las hipótesis psicologístas, al término de una investigación y análisis minuciosos, arribamos a la conclusión (2) de que las probabilidades de que cualquier solución de ese tipo aportara una respuesta convencional satisfactoria y sensata, son remotas, sino nulas.

De todo lo antedicho podemos afirmar con aceptable grado de certitud que los fenómenos avistados en el área circundante al aeropuerto de San Carlos de Bariloche, conforman auténticas expresiones anómalas: vale decir, que no admiten ser integradas en el cuerpo de conocimientos científicos reconocidos al presente como válidas.

Por de pronto, es importante remarcar que, según se infiere de los testimonios generados por los diversos testigos, no todos ellos vieron lo mismo. Si bien, por regla general, los integrantes de cada grupo de observadores (3) describen fenómenos similares, sólo con diferencias inesenciales que no implican necesariamente contradicciones de peso, ni invalidan mucho menos la fiabilidad de sus visualizaciones (tal es el caso de los tripulantes del AR-674), no sucede lo propio si cotejamos los relatos intergrupales, como queda en evidencia durante el transcurso de los acontecimientos.
Surgen entonces los interrogantes siguientes:

¿Hubo en realidad un solo OVNI en Bariloche y las desemejanzas de las descripciones obedecen a dispares condiciones y perspectivas de observación por parte de los testigos?

¿O quizás el fenómeno percibido, aunque único, poseía cualidades «proteiformes», esto es, posea la aptitud de modificar, en diferentes instancias, tanto en apariencia, como sus patrones lumínicos?

¿O bien su estructura es ambigua, como un modelo geométrico equívoco, en el cual surgen diversidad de figuras, cambios en el aspecto sensible de su imagen, disímiles; pero todos ellos igualmente valederos y reales?

¿Podría argumentarse tal vez, que el llamado Caso Bariloche no se limite al avistaje de un solo OVNI – como a nivel periodístico y popular se ha creído hasta ahora – sino que se trate de una pluralidad de fenómenos insólitos (al menos dos), cuyo comportamiento muestra evidente intencionalidad?

Nos inclinamos a rescatar como las más viable esta última presunción, aunque sin desechar una posible incidencia secundaria por parte de las otras tres opciones, al menos en una fase preliminar y con los elementos de convicción reunidos hasta hoy.
Como conclusión final, creemos que es posible vislumbrar en los incidentes de Bariloche, una intrincada estructura fáctica de insospechada complejidad; una sucesión de eventos decididamente anómalos, no siempre asociados entre sí con claridad y de no fácil integración en un panorama global. Y con relación a la naturaleza de estos extraños aéreos sólo podemos movernos por ahora en un terreno conjetural y especulativo, donde por el momento no se avizoran respuestas categóricas.
Este es sin lugar a dudas, el gran desafío pendiente.-

PROF. OSCAR URIONDO / JUAN PABLO GÓMEZ

Referencias:

(1): Trabajo inédito realizado por Juan Pablo Gómez y Oscar Adolfo Uriondo. Sus pormenores han sido ampliamente expuestos por el Sr. Gómez en el Encuentro RAO de junio de 1997, en Mar del plata.-

(2): Una refutación a las soluciones del tipo psicológico ha sido publicada por Oscar A. Uriondo en el boletín nro 28 de la RAO, bajo el título «UNA EXPLICACIÓN PSICOLOGISTA DEL CASO BARILOCHE».-

(3): Recuérdese que el caso Bariloche constituye un típico avistamiento con testigos múltiples. Hasta el presente hay por lo menos 17 observadores distribuidos en 4 agrupamientos independientes, separados entre sí, y desde 4 lugares diferentes y 3 planos de altitud.-