LA BÚSQUEDA MÁS IMPORTANTE (1 PARTE)

Daniel López

¨La resistencia a considerar como hipotético el factor de una voluntad se ha convertido en una ceguera inexplicable que limita el interés por la exploración sobre este campo y que parece inaudita a los espíritus inquietos al no haber propulsado labores orientadas a su comprobación. Tal parece que la sola posibilidad de una inteligencia no humana supera la capacidad de asimilación de algunos y agarrota los musculos intelectuales del resto quedando sin acción y sin respuestas el más formidable descubrimiento de todos.¨

Los acontecimientos internacionales, los conflictos y políticas internas de muchas naciones parecen haber acentuado la sensación de un estancamiento de las informaciones sobre el otrora agitado panorama Ovni.
La sensación de una apenas sinuosa línea de pulsos noticiosos puede sin embargo responder a otras circunstancias que nada tienen que ver con una desaceleración casuística que en otros momentos promueve el interés de los medios. No solo debemos considerar que los grandes movimientos sociales generados por guerras o nuevas políticas monetarias ocupen la atención de las personas, existe de hecho una saturación previsible de interés por las noticias devenidas de la explotación excesiva de temarios e historias recicladas, de insistencia banal sobre nudos gordianos, de posturas y debates en buen número fútiles que hartan, carecen de novedad y están muy lejos de apreciar y ocuparse de los problemas presentes que depara el fenómeno Ovni en toda su magnitud.
Hay un notable marasmo en la prosecución de ideas y proyectos serios orientados a enfrentar los desafíos irresueltos de la problemática que nos ocupa y se recurre sin pudores intelectuales a machacar en puntos que entretejen la sensación que navegamos sobre un remolino sin alejarnos demasiado y nunca del mismo lugar.
¿No progresa el pensamiento deductivo o estamos enviciados de callejones sin salida?

LA TRAMPA
Evidentemente resulta lógico que el variopinto concierto de temarios sin fundamento casuístico generaran con el tiempo una desazón por falta de novedades importantes. Todo aquello que nace puramente de la imaginación y el sensacionalismo tarde o temprano encuentra la línea fronteriza de su propia expansión merced a la falta de sustento racional pudiendo mostrar como artilugio de continuidad una serie de factores reactivantes desde la propia usina desde donde se los generaron, o sea más fantasía, más espectacularidad amarillista que termina tan alejada de la realidad que molesta todo genuino interés por saber e informarse, que comete la irresponsabilidad de desviar la opinión de la gente de los temas trascendentes.
La ensoñación de esta parte encastrada de la ovnilogía mundial también es inserción de la tan olvidada desinformación o estrategia de deformación informativa que por lo general son aplicadas a los segmentos de datos sancionados como peligrosos o inconvenientes según las imposiciones de las políticas internas o transnacionales ligadas invariablemente a las agencias de inteligencia.
Todo ello ha palidecido de tono enfermizo la expectante curiosidad publica que al principio del boom mundial de los ovnis veía en ellos uno de los enigmas más profundos y movilizadores de la humanidad; en todos estos años la saturación antes aludida, adrede o espontánea, ha relativizado el impacto y lo tornó turbio, laberíntico y hasta aburrido.
La pintura resultante es la estrafalaria imagen de los grises raptando gente, haciendo pactos que sonrojarían a los especuladores, vinculándose la hipótesis extraterrena con los movimientos contactisticos o la búsqueda de la evolución espiritual. Pretexto justo para que un escepticismo disfrazado de hiperracionalismo desnude la abundosa e incomprobable cantidad de datos inconexos, la disminución de un interés investigativo y el entretenimiento del pseudoanálisis por Internet donde se absorbe una cantidad de datos nunca posible de cualificar ni cuantificar mezclando lo genuino con lo ímprobo, lo fácil o lo insondable, inhibiendo por tal avalancha de recursos la necesidad de la tarea de campo.
El pasatiempismo que ha suplantado la actitud científica, el cómodo revisionismo posible de adquirir mediante un ordenador, la falta de fuentes confiables y la cantidad de residuos intelectuales atados a una pretendida preocupación por mantener vigente el parecer de unos pensamientos personalistas tampoco colaboraron en la evolución y el descubrimiento de nuevas facetas temáticas que existen sin embargo aisladas y perdidas en la intimidante manifestación del número de propuestas lanzadas como opciones al mercado de lo insólito.
Pero como decíamos esa visión compleja y apabullante apenas perfila la magnitud del fenómeno en cuestión y sus reales implicancias en la sociedad, y pasa inadvertida todavía como un factor de conflicto a gran escala sin nombrar lo que puede significar al futuro del hombre su resolución verdadera.
¿Como medir su magnitud? ¿Cual es el instrumento de la renovación temática que impida las trampas y los fracasos, los callejones sin salida?
A la esencia del fenómeno debemos ir.

LA RACIONALIDAD
Muchas veces se confunde a la racionalidad con escepticismo o prejuicio así como la actitud científica es confundida con la rigidez dogmática. Lo racional, como iniciación de un espectro de posibilidades analíticas que forman un recurso básico de investigación es sinónimo de seriedad, razón, amplitud, evaluación y exploración. No se es poco objetivo o serio por investigar Ovnis sino por la forma de asumir y admitir los datos y reconocer la validez de procedimientos y fuentes, por la manera de valorar sucesos y personas, por comprender el medio, las consecuencias y la factibilidad de un hecho. Principalmente la investigación es una actitud antes que los requerimientos de la disciplina y se puede ser tan serio o facilista como lo sea nuestra forma de resolver los entuertos u opinar sobre ellos. Es dable que algunos diplomados científicos puedan parecer tan antagónicos a la ciencia como el mismo pensamiento mágico y la verdad es que en la cuestión de los Ovnis la liviandad ha estado más emparentada a la falta de esfuerzos de trabajos de campo que a la libertad deductiva con la que a veces se suplanta la falta del mismo.
No se conciben las aptitudes profesionales sin la residencia y la práctica, y no se puede tener el mínimo aplomo en lo concerniente a los no identificados si antes no se ha estado o no se permanece en contacto con el medio que le es propio, se puede opinar sobre la opinión o juzgar sobre lo juzgado pero sin la base de su esencia se convierte en un círculo vicioso.
A decir verdad se ha estado más lejos que cerca de conocer el medio Ovni. Las espectaculares propuestas del proyecto Hessdalen, la comunión de intereses observadas durante la oleada de Ovnis triangulares en Bélgica, las iniciativas aisladas de los análisis y trabajos respecto del enigma de los círculos de Inglaterra o las redes informativas entre investigadores no han sido lo corriente, lamentablemente. Muchos emprendimientos dieron forma a movimientos interesantes que concluyeron su vida útil tornándose en clubes sociales donde la autocrítica apenas sobrevivía al entusiasmo y la exploración no podía sostenerse en medio de las necesidades de la autosatisfacción, el pasatiempo y la novedad. Les fue tan difícil sostener la mínima disciplina que confundieron la amplitud del criterio con la aceptación de casi cualquier cosa.
A lo largo de los años cientos y tal vez miles de grupos inquietos se han formado y se han desintegrado paulatinamente, muchas veces por falta de recursos, otras tantas por falta de coincidencias, perspectivas comunes e incentivo. Su fallo no es el amateurismo o la sencillez de los recursos, muy probablemente se deba al límite que impone la carencia de una continuidad y una vivencia en el medio antes aludido donde se templa la personalidad al calor de las experiencias y los relevamientos, donde se pone a prueba al intelecto bajo el manto de lo increíble y lo mundano.
Pero en la prosecución de los recursos de ideas es donde se falla más comúnmente y esto se ha visto reiteradamente en posturas y fines, y es que no se hace una valoración del fenómeno como tal más allá de la hipótesis base que se sustenta previamente.
El Fenómeno Ovni, por virtud o complejidad, es la encrucijada de muchos caminos a la vez.
Es esencialmente un evento multifacético. A él acuden datos físicos, percepciones ordinarias y no ordinarias, temporalidad, regionalidad, relaciones históricas y unos hechos imposibles de medir por falta de posibilidades de mensura que ocupan buena parte de la resistencia que produce en los ámbitos académicos. La ecuación perfecta sobre le peso aportado por cada disciplina y contexto resulta lo difícil de lograr como equilibrio y muchas veces el excesivo peso de un factor entre otros tiende a desenfocar la importancia de sus componentes.
Si se trabaja con la premisa de lo extraterrestre únicamente puede alterarse una correcta valoración de la evidencia así como al revés, pude resultar un falso instrumento desmerecer un fenómeno anómalo por el solo hecho de conformar un requisito de investigación, y a los hechos todo lo que es Ovni es primeramente anómalo y debe constatarse esa peculiaridad con los mejores recursos de la razón y el análisis sin desmerecer cualquier posibilidad y variable.
Pero lejos de aportar un manual de consideraciones sobre los criterios de investigación prima la urgencia de hacer notar que la perspectiva dada por la actividad de campo es única e intransferible porque el propio trabajo da la claridad sobre el equilibrio y la amplitud que alcanza, y desestima por lógica evidencia los entretenimientos fútiles que se profesan como verdades que pocas veces o casi nunca encuentran justificación visible y palpable en la realidad.
Pero esto es solo una parte.
No solo no ha descendido la casuística y los hechos extraordinarios, muy probablemente hayan crecido en magnitud o conozcamos una muy pequeña porción de lo que ocurre por falta de un relevamiento global de sucesos jamás alcanzada después de 50 años de trabajo. Todas las experiencias conocidas, todos los sucesos capitales forman la arista apenas visible de un cuerpo enorme que yace oculto y contenido por los paisajes, las leyendas, las distancias y la falta de iniciativa de campo, y es, con este panorama auténtico, muy difícil de determinar la magnitud del problema, sus implicancias y sus derivaciones.
En cualquier parte no relevada puede ocurrir un hecho que proponga una nueva perspectiva del asunto o que haga añicos la postura más aceptada de la Ovnilogía, y hay tal cantidad y variedad de elementos de juicio desconocidos que incluso entre esa parte ciega también puede ocultarse una pieza fundamental de probatoria. El entretenimiento fuera del ámbito propio del Ovni puede resultar un retraso a las posibilidades de aportar un elemento de valor porque desvía el objetivo básico que es palpar y medir la realidad y no las posturas personales únicamente.
La falsa idea que se ha visto casi todo o que las comunicaciones nos ponen a la mano de la mayor parte de los acontecimientos puede significar el peor de los errores porque apenas abarcamos un pequeño porcentaje de todo lo que es y esto se comprueba al echarse a andar por los caminos y descubrir regiones enteras jamás incluidas al mapa general de los Ovnis.
Es improbable que las estadísticas se atrevan a aventurarse sobre lo que no se conoce, sobre lo inexplorado. Es esa región virtual y a la vez palpable la que exige una militancia comprometida en la investigación, la comunión de esfuerzos por realimentar el tibio fogón de donde surgen las ideas y las especulaciones porque entre una de las sensaciones que mejor describen el panorama actual es que falta fuego en el caldero, y el fuego no es más que el símbolo de todos los sucesos que permanecen lejos de nuestros ojos, y nuestras mentes…

CONSIDERACIONES PRELIMINARES
Tanto más se profundiza en las raíces del fenómeno tanto más crecen las disciplinas que intervienen como auxiliares a su tratamiento. Antes se pensaba que los Ovnis eran un problema científico, especialmente adscripto a la física, la astronomía, la exobiología. Hoy el espectro abraza a la antropología, a la historia, a la psicología, a la sociología y tiene una raigambre humana que solo malintencionadamente fue explotada como causante de todo lo referido a experiencias Ovnis cuando en verdad se asoma la certeza que, fuera lo que fuese el fenómeno, posee una indudable tendencia a la relación antropocéntrica que no es posible de observar en otro evento de la naturaleza, salvo en las especies vivas, esto es que el fenómeno como tal no solo comparte el medio social del hombre, podemos sospechar que lo ¨invade¨ por factores no mecánicos o casuales.
¿Lo hace intencionadamente?
Todo lo que forma el abanico Ovni, desde los elementos que promueven la idea de una tecnología no humana hasta los fenómenos sospechosamente emparentados a la naturaleza física de la Tierra actúan como conjuntos (como lo venimos sosteniendo en diversos trabajos) y por supuesto su inclusión al índice de los No Identificados se debe a la anomalía que sus rasgos perfilan, muchas de ellas emparentadas a ¨conductas¨ por propia dinámica y no solo por juicio apresurado de los investigadores.
No solo está la apariencia de naves que muchos de estos fenómenos ostentan como origen de una posible inteligencia, también está el movimiento sobre el hombre, vivencias que conducen a la correcta aplicación del término ¨interacción¨ que afirma en primer instancia que todo el fenómeno por lo menos responde a la acción de una voluntad.
¿Por qué importa la voluntad?
Parece una obviedad decir que es lo trascendente pero hace falta reafirmarlo. En buena medida la lisa y llana aceptación de entidades inteligentes como responsables de lo Ovni no es suficiente, hay que demostrarlo. El entretenimiento hace a este factor preponderante un punto menor pero a la perspectiva de la ciencia, de la interacción y de la opinión publica no alcanza con creerlo por más que los grises sean el emblema o que los comandantes galácticos sirvan de excusa para considerar esta obviedad como intranscendente. Es un hecho que la humanidad sigue estando tan lejos de esa supuesta inteligencia como cuando se sostenía sin pudor que los contactos crecerían y traerían luz al mundo, no solo no lo hicieron, parece que nunca lo harán.
Una falla tan grave en el diagnóstico no solo arrastró vidas al fanatismo, también lo hizo a la muerte, y peor aún, a la perdida de la razón y la locura.
El verdadero enigma es no solo demostrar que hay una inteligencia sino además comprenderla como camino inexcusable a una comunicación. Efectivamente, poco o nada se ha ensayado una interacción seria sobre el convencimiento de la inteligencia y es probable que esto se logre reasumiendo los datos de la casuística y la exploración del medio Ovni, seno de todas las respuestas que aún faltan.
La resistencia a considerar como hipotético el factor de una voluntad se ha convertido en una ceguera inexplicable que limita el interés por la exploración sobre este campo y que parece inaudita a los espíritus inquietos al no haber propulsado labores orientadas a su comprobación. Tal parece que la sola posibilidad de una ¨inteligencia no humana¨ supera la capacidad de asimilación de algunos y agarrota los músculos intelectuales del resto quedando sin acción y sin respuestas el más formidable descubrimiento de todos. Empero debemos admitir que iniciativas en este sentido pudieran haberse dado o se darán en el futuro sin intervención de los investigadores privados ni conocimiento del publico en general lo que deja a la investigación civil y los proyectos grupales independientes la responsabilidad de transmitir a la opinión publica los logros que en este campo suceden.
La tarea parece superar toda capacidad pero cuando el interés general es obviado no queda otro camino que suplir el silencio con esfuerzo y movilización.
La verdad es que el fenómeno Ovni pone al individuo común en una situación protagónica muy a pesar de las consideraciones oficiales y los prejuicios sobradamente expresados, y en este desafío de proporciones cualquier ciudadano pude aportar elementos significativos al desarrollo de un análisis a cara descubierta. De hecho algunas iniciativas medianamente oficiales y reconocidas toman los testimonios ciudadanos y los aportes de grupos independientes como valores imprescindibles a su juicio.
Esto supone que las dificultades que enfrenta la temática en lo que respecta a los trabajos individuales debe poner mayor énfasis en cubrir el casi desolado territorio de la experimentación y la comprobación primaria de la existencia de una ¨voluntad¨.
Es posible, es más, es un trabajo indelegable para toda aquella persona que se sumerge decididamente en la búsqueda de la verdad sobre los Ovnis, no importa cuantas condenas, reparos y críticas surjan por la decisión de hacerlo, al fin y al cabo nadie puede estar seguro quienes o en que circunstancias aportarán el dato clave a este respecto, lo que si es seguro es que no vendrá del mismo lugar que se ha empeñado en desprestigiar todo lo concerniente a los No Identificados.

¿POR DONDE EMPEZAR?
Algunos puntos son elementales para considerar este tipo de búsqueda.
En primer término hay que reconocer la naturaleza de un fenómeno esquivo, difícil de relevar y comprender sino mediante lo testimonial pues raras veces el investigador tiene la oportunidad de presenciar fugazmente una imagen del objeto en estudio para hacer sus propias valoraciones.
En segundo término se debe aceptar que la determinación de una inteligencia, de que todo el fenómeno responde a una voluntad, supone que todo movimiento, toda circunstancia en torno a una experiencia puede tener potenciales rasgos de conducta por más simples o complejos sean los parámetros que el propio fenómeno posee. A este punto debemos agregar que no hay comparación a la mano que pueda ayudar a definir o interpretar el tipo de voluntad o intencionalidad que se manifiesta, salvo reconocer en su dinámica rasgos de anomalía poco probables de achacar a efectos mecánicos del fenómeno. Podemos incluir en este grupo a las cuantiosas experiencias de persecuciones e interacción, o los momentos en que dicho fenómeno parece interactuar con los eventuales observadores.
En tercer término hay que tomar en cuenta muchos de los difundidos aspectos del movimiento Ovni. Vale la pena retomar algunos conceptos largamente vertidos en Gaceta Ovni que son puntos básicos para expandirnos en nuevos territorios de exploración.
1- La anomalía.
La comprobación de esta faceta del fenómeno determina que se está ante un evento Ovni genuino.
2- La Interacción.
En la dinámica y su relación antropocéntrica, o sea con el testigo, se puede determinar un movimiento mecánico o una intención.
3- Las constantes temporales y espaciales.
Las reiteraciones temporales y geográficas determinan un componente de previsibilidad que es insoslayable para cualquier iniciativa investigativa sobre la verdadera naturaleza del fenómeno en cuestión.
4- La relación social.
Tanto la temporalidad como la territorialidad concluyen en la interacción de una comunidad con el fenómeno y propone rasgos continuos de relación que se reiteran y pueden ser considerados como elementos primarios de una convivencia embrionaria de enorme interés sociológico y humano respecto de las conductas del Ovni y de las respuestas humanas y los andariveles por los que se conduce tal relación.
5- La Experimentación.
Son las actividades sobre campo que tratan de confirmar los datos aportados, recurrencias, frecuencias, territorialidad y temporalidad. Las vigilias atendiendo estos aspectos son intentos orientados a este fin que deben ser constantes y disciplinadas.
Veámoslo más detenidamente