EL EFECTO ELECTROMAGNETICO, INTERFERENCIAS EN VEHICULOS AUTOMOTORES Y AERONAVES

“De todos los efectos pretendidamente ocasionados por la presencia de OVNIs, el alegado mal funcionamiento de los motores de automóviles es tal vez el más enigmático. Esta denuncia es efectuada con frecuencia, a veces en informes que son impresionantes porque involucran múltiples testigos independientes.
Los testigos parecen estar convencidos que el funcionamiento de sus autos fue afectado por el objeto no identificado, el cual a veces no es percibido hasta después de que la falla es advertida. Ninguna explicación satisfactoria para tales efectos –si en verdad han ocurrido- es aparente”.

Esta opinión, emitida por Roy Craig, miembro investigador del famoso Proyecto Condon es particularmente valiosa y desusada, teniendo en cuenta que se expresa como Conclusión de un capítulo (Direct Physical evidence), p. 115), del Scientific study of Unidentified flying objects, que -como sabemos- es en extremo crítico hacia la realidad física de los OVNIs.
Tales afirmaciones provenientes de científicos escépticos revelan la importancia y complejidad que poseen esta clase de incidentes OVNI..

Para designar este peculiar subgrupo que incluye no sólo interferencias en el funcionamiento de vehículos en tierra y aire, al igual que perturbaciones en dispositivos específicos (radios, televisión, lámparas, etc.), y también en ocasiones fallas eléctricas de variada intensidad y extensión, se ha usado habitualmente la denominación de “efecto EM” (efecto electromagnético). Aun cuando se desconocen las causas para esta variedad de informes, el término parece adecuado en razón de que en la mayoría de los casos las máquinas afectadas operan bajo principios electromagnéticos.

Porque, en rigor de verdad, son numerosos los informes sobre detenciones de vehículos
automotores provocados presuntamente por la presencia de OVNIs, a corta distancia (el catálogo compilado por Mark Rodeghier, sumaba hasta 1981, más de 440 casos). Las circunstancias en que ocurren estos episodios responden casi siempre a un esquema recurrente. En efecto, es común que los conductores de tales vehículos, desplazándose en carreteras, durante horas de la noche o de la madrugada (el 65% de los casos han ocurrido durante la noche), de preferencia en áreas rurales o desérticas, adviertan que su motor, pierde potencia o más generalmente se apagan, aunque casi siempre vuelven a la normalidad cuando el OVNI desaparece. En alrededor de un 45% de los casos hubo más de un testigo.

La distancia media del testigo al OVNI, de acuerdo a estudios realizados (Mark Rodeghier, UFO reports involving vehicle interference, Evanston, CUFOS, 1981) varía entre 30 y 60 m, vale decir que casi siempre el fenómeno llega a estar suficientemente cerca como para posibilitar una observación cuidadosa. Según Donald A. Johnson casi el 80% de las fallas se producen a distancias menores a 120 m.

En cuanto a la duración de los avistamientos, más de la mitad de los eventos registrados supera los 4 minutos, lo cual permite que los testigos dispongan de suficiente tiempo para percibir las características del fenómeno.
A ello se suma como factor positivo de identificación, el hecho de que en una alta proporción de casos, las condiciones meteorológicas fueron favorables para la observación del OVNI, con muy buena visibilidad (70% de tiempo despejado o parcialmente nublado).

Estos efectos no están limitados a los automóviles, sino que ocurren en toda clase de vehículos impulsados por motores de combustión interna (los vehículos con motor diesel, en cambio, no son afectados de igual manera, o al menos lo son con menor intensidad). Tales incidentes con perturbaciones en circuitos eléctricos y motores han sido informados para motocicletas, camiones, tractores y otras maquinarias agrícolas.
En muchos incidentes, los motores volvieron a funcionar, después de que el OVNI se hubo alejado, ya sea poniéndolos en marcha mediante arranque, o bien de modo espontáneo. En un porcentaje menor, sin embargo, no ocurre lo mismo, e incluso en algunos casos (alrededor de un 7% del total) el deterioro resulta permanente, en sistemas eléctricos y baterías.
Preciso es destacar que los diferentes componentes del vehículo no son afectados de igual manera en todos los casos de interferencias. Así, sobre un total de 351 casos, en 208 la perturbación es general (motor y sistema eléctrico); en 71 sólo el motor; en 69 sólo la radio, en 27 sólo las luces, y en 14 sólo luces y radio.

Se ha sugerido que estas variantes podrían deberse, en parte, a las características básicas de los vehículos afectados, o al tipo de objeto anómalo involucrado, y también a la distancia y posición del OVNI respecto al automotor. Donald Johnson, en un valioso análisis estadístico ha procurado descubrir el papel que desempeñan estas dos últimas variables, en las interferencias OVNI sobre vehículos automotores. Sus conclusiones son de que existe una relación altamente significativa entre la posición de los OVNIs y la gravedad de las informadas fallas en el sistema eléctrico de los vehículos. En efecto, una substancial mayoría de los casos en que se mencionan detenciones completas de motores señalan que los OVNIs están al frente o arriba del testigo. Destaquemos que tal situación ya había sido advertida por Richard Hall en un trabajo publicado en el año 1960.

Asimismo, Johnson destaca una significativa relación inversa entre las distancias al OVNI estimadas y la severidad del efecto. Cuanto más próximo se halla el objeto tanto mayor es la probabilidad de que el motor del vehículo se detenga. Sin embargo, los resultados del análisis estadístico de Rodeghier, parecen no confirmar esa particular correlación.

Si bien se tienen noticias sobre casos con efectos EM desde 1909, hasta octubre de 1954, se trata de escasos episodios, aislados y temporalmente dispersos. A partir de ese año su frecuencia experimenta un notable incremento, que se mantiene hasta el presente, aunque con variaciones anuales.

Durante la gran ola de 1954, este tipo de informes se hacen abundantes a partir de octubre en Francia y Europa Occidental. Los trabajos de Aimé Michel, Los misteriosos platillos volantes, 1963; de Jacques Vallée, Anatomy of a phenomenon, 1969; y Los Humanoids (número especial de Flying saucer review, oct.-nov., 1966) rescatan una veintena de informes sobre interferencias electromagnéticas, en los meses de octubre y noviembre de ese año.

También la breve pero intensa oleada del año 1957 fue pródiga en informes que describen interferencias en los sistemas de ignición de vehículos automotores. En tal sentido, no pueden omitirse los notables avistamientos ocurridos en Lleveland, Texas, los días 2 y 3 de noviembre de ese año. Un exposición pormenorizada del los mencionados incidentes ha sido ya publicada en un anterior número de GACETA OVNI.

Los archivos del Proyect Blue Book contienen muchos otros episodios ocurridos en Estados Unidos en los que vehículos automotores fueron paralizados por OVNIs, o sufrieron algún tipo de interferencia en sus radios y luces.

Por ejemplo, el 26 de octubre de 1958, alrededor de las 10:30 p.m. (East), dos personas, Alvin Cohen y Phillip Small, que viajaban en automóvil a lo largo del Loch Raven Boulevard –cerca de Baltimore, Maryland- vieron, al salir de una curva del camino, un objeto iridiscente con forma de huevo aplanado y de gran tamaño, que permanecía estacionado, oscilando a sólo 30 o 45 metros sobre la superestructura del puente número uno.
Disminuyendo la velocidad, los testigos se aproximaron con el propósito de investigar, pero cuando llegaron a unos 200 o 240 m de distancia del puente, el motor del auto cesó de funcionar y todas las luces se apagaron. Hicieron esfuerzos para poner en marcha el automóvil, pero sin éxito; muy atemorizados decidieron entonces abandonar el vehículo y, resguardándose detrás del mismo, se dedicaron a observar el objeto insólito durante 30 o 45 segundos. Calcularon que el objeto tendría unos 30 m de longitud. Luego, el objeto proyectó una deslumbradora luz blanca y al mismo tiempo los testigos sintieron una tremenda ola de calor en sus caras. Uno de ellos expresó: “No parecía el calor de un cuerpo incandescente, sino algo así como luz ultravioleta o algún tipo de radiación…”.
Con un fuerte sonido “como una explosión amortiguada”, el OVNI comenzó a cobrar altura verticalmente sin variar de posición durante el ascenso. Mientras se elevaba, su luminosidad iba en aumento y los bordes se hacían más difusos, de modo tal que no podía apreciarse bien su forma. En 5 o 10 segundos se perdió de vista por completo. Sólo entonces el automóvil pudo ser puesto en marcha, y las dos personas se dirigieron a la estación policial más próxima (Towsen Police Department) para informar del suceso. Ambas tenían el rostro enrojecido y fueron examinadas en el Hospital Saint Joseph, de Baltimore.
Las condiciones del tiempo en el momento del avistamiento excluían la posibilidad de un rayo globular, y no hubo ningún informe visual de un meteorito o de un bólido. La Fuerza Aérea Norteamericana considera el caso como “no identificado”, vale decir, sin explicación convencional.
(Fuentes: Hynek, J. The UFO experience, p. 121; Vallée, J. Challenge to science, p. 191; Story, R. The Encyclopedia of UFOs, p. 211; Olsen, Th. The reference for outstanding UFO reports, p. 3-61).

Otro episodio de interferencias EM en vehículos terrestres, ocurrió el 20 de marzo de 1992, en Haynes City (cerca de Orlando), Florida.
Alrededor de las 03:50 a.m., el policía Luis Delgado controlaba las puertas de un local comercial. Al doblar por la 30th Street, percibió una luz verde por su espejo retrovisor. Segundos después, el interior del auto fue iluminado por un resplandor verde. Un objeto comenzó a seguir al vehículo policial, moviéndose del costado derecho hacia el frente del mismo, en varias oportunidades. Delgado llamó a la Central de Policía a las 3:52 a.m. y solicitó apoyo, avisando que “algo estaba siguiendo a su vehículo”. Cuando el objeto se movió al frente del auto por tercera vez, delgado salió del camino. En ese instante, el motor, las luces y la radio del patrullero dejaron de funcionar.
El objeto tendría unos 15 pies de largo, con un área central de 3 pies de altura y estaba suspendido a unos 10 pies del suelo. Proyectó una luz blancas brillante hacia el interior del auto. Delgado salió del móvil e intentó llamar a la Central de Policía con su transmisor portátil, pero éste no funcionó. El policía advirtió que el aire alrededor de él se había enfriado hasta el punto que podía ver su aliento (hecho sorprendente ya que de acuerdo con los registros meteorológicos en ese momento la temperatura era de unos 60 grados F). Poco después, el objeto se alejó a fantástica velocidad, en unos 2 o 3 segundos, desplazándose a muy baja altura.
Justo después de que el fenómeno hubo desaparecido, arribó al lugar otro oficial de policía, quien encontró a Delgado sentado en su vehículo, con la puerta izquierda abierta y con un pie en el suelo. Estaba tembloroso, lloraba y no podía hablar. Eventualmente se recuperó y pudo presentar el informe sobre el incidente. El auto patrullero funcionó normalmente después del episodio y Delgado no tuvo ningún problema de salud. La duración total del encuentro fue de 2 a 3 minutos.
(Fuente: Sturrock, P.A. Physical evidence related to UFO reports. Sección 7. Vehicle interference).

Esta clase de avistamientos se producen en el mundo entero. Por ejemplo, Ballester Olmos y Fernández Peris, en su Enciclopedia de los encuentros cercanos con OVNIs, refieren una docena de episodios con efectos EM en automotores, de la casuística española. A continuación relataremos algunos de ellos, con más de un testigo, en forma sintética.

Octubre de 1966 (15:30). Figueras (Gerona), mes y año aproximados

Dos personas circulaban por la carretera nacional II, en dirección a Figueras. A 1 km de esa localidad el automóvil se paró repentinamente y sus luces se apagaron. Al levantar el capot para examinar el motor, observaron una luz a unos 30 m a su derecha. Se trataba de un objeto elipsoidal, de unos 15 m de diámetro, de aspecto sólido y metálico. Despedía una luz no cegadora. Segundos después ascendió repentinamente a enorme velocidad y se perdió de vista. Al desaparecer el objeto, las luces de posición del coche volvieron a encenderse. El motor tuvo que ponerse en marcha mediante arranque.

2 de noviembre de 1968 (04:35). Bujalaroz (Zaragoza)

Cinco soldados regresaban desde Barcelona a Zaragoza, cuando en el interior de la zona de páramos de Los Monegros, a su izquierda, a menos de 500 m de distancia un enorme objeto, metálico y de color naranja muy brillante y forma lenticular, Al acercarse el coche de los testigos, la radio dejó de funcionar, las luces de los faros disminuyeron de intensidad y los relojes de pulsera se pararon. Tres minutos después, el objeto que parecía estar a muy baja altura sobre el suelo, comenzó a elevarse suavemente y sin ningún ruido; luego aceleró bruscamente y en pocos segundos se perdió de vista. Al desaparecer el fenómeno, faros, radio y relojes volvieron a la normalidad. El automóvil era de motor diesel y se comprobó al día siguiente que tenía la batería descargada. La observación duró aproximadamente 5 minutos.

19 de abril de 1974 (22:00). Playa de Valdelagrana, Puerto de Santa María (Cádiz)

Una joven pareja, ambos empleados administrativos paseaban por la playa cuando observaron un objeto luminoso a unos 100 de altura y a 300 o 400 m de distancia, que descendía lentamente detrás de una arboleda. Los testigos, intrigados, subieron a su automóvil y s acercaron al lugar del supuesto aterrizaje. Divisaron, a través de los árboles, un objeto luminosos que se hallaba estático, a unos 5 m del suelo. Era de color intenso, con destellos vedes y anaranjados que salían de su parte inferior.
Súbitamente el motor del automóvil se detuvo. Los jóvenes sintieron temor y procuraron poner en marcha su coche, pero el arranque no funcionaba. En ese momento el objeto ascendió en vertical, con un zumbido muy apagado, y de perdió de vista en pocos segundos, a gran velocidad. Después de algunos intentos fallidos, los testigos pudieron al fin poner en marcha el motor “aunque sólo al 40% de su rendimiento total”, pues “la batería mostraba señales de agotamiento”. La observación duró unos 8 a 10 minutos.

También nuestro país ha aportado numerosos casos con efectos EM. En todos ellos es dable observar que se reitera el mismo patrón de comportamiento, con casi idéntica secuencia de fases.
El 10 de mayo de 1964, el industrial riojano Máximo Dughetti, que posee en La Rioja y una planta fraccionadora y fábrica de aceite, conducía su camioneta por la ruta que une Patquía y la capital de la provincia. Junto a él, viajaban unos de sus hijos y su nieto, ambos de corta edad. Cuando se hallaban a casi 20 km de la ciudad de La Rioja. El motor de detuvo de improvisto y sus luces se apagaron. Sorprendido, el conductor se aprestó a descender para averiguar la causa de la falla, y n ese instante, desde un bosquecillo situado a unos 40 m y sobre la margen derecha del camino, surgió un haz luminoso de color blanco azulado y de intensidad deslumbrante que se proyectó hacia el automotor. Los niños, despavoridos, comenzaron a llorar, y el Sr. Dughetti atinó a protegerlos con una manta. Entones, la luminosidad se extinguió y pudo distinguirse la figura de un objeto circular que se elevaba lentamente con suave ronroneo. En su parte superior se observaba una cúpula hemisférica, y de su parte central inferior se desprendían luces rojizas que cambiaban al violáceo. El objeto cruzó diagonalmente la ruta, a no más de 10 m del suelo y a unos 20 m de la camioneta. Ascendió luego de modo gradual hasta perderse de vista hacia el oeste, en dirección a la sierra de Mogote Colorado. Una vez que se hubo alejado el extraño objeto, el motor del vehículo pudo funcionar sin dificultad.
La investigación policial, practicada a la mañana siguiente, descubrió que en un claro del bosquecillo indicado por el testigo la vegetación aparecía ennegrecida y como quemada en una superficie que tenía la forma exacta de un círculo de 10 m de diámetro.
(Fuente: Azcuy, E. Ovnis en la Argentina, en Planeta, nº 5, mayo-junio 1965, p. 150).

Otro episodio muy similar fue el protagonizado en la madrugada del 29 de julio de 1968, por el señor Néstor Norberto Notario –conocido periodista radial- que viajaba en dirección a Mar del Plata, por la ruta nº 2. En su mismo coche trasladaba a su esposa Lydia Beatriz Rodríguez de Notario, cirujana dental, a una prima de ellas, señorita Marta Rodríguez y a un amigo común, el señor Rubén Papagni, reputado comerciante de la zona.
Poco después de “La Atalaya” observaron algo semejante a una gran estrella que irradiaba destellos que variaban del rojo al azul y de éste al blanco. Estaba animada de un desplazamiento errático, corriéndose de izquierda a derecha y viceversa. Minutos después lo perdieron de vista. Pero al llegar al km 273 o 274, súbitamente, por el oeste, apareció un enorme elemento que Notario describió como “una palangana dada vuelta” y cuya dimensión aproximada podría compararse con la de un vagón de ferrocarril. En su parte inferior, el fenómeno presentaba una luminosidad semejante al hierro fundido al blanco “como el arco de una soldadura eléctrica”. A intervalos cobraba otras tonalidades, pero siempre semejante a un material en ignición. Su velocidad de traslación era de unos 60 a 70 km por hora.
Cuando el cuerpo luminoso cruzó la ruta, lo hizo a reducida altura, quizás no más de 500 m. En ese instante se interrumpieron los contactos eléctricos del vehículo y se apagaron motor y luces. El resplandor que despedía el artefacto era de tal intensidad que “parecía haberse hecho de día”. El fenómeno prosiguió suavemente su vuelo, sin producir ruido alguno, y lego de aproximadamente dos minutos se posó bruscamente en el suelo. Cuando el OVNI superó la ruta en 200 0 250 m, las luces del coche reencendieron sin que mediara acción alguna de sus ocupantes. El objeto permaneció detenido durante un tiempo considerable, a punto tal que los conductores de unos diez automóviles alcanzaron a detener su marcha para observar el espectáculo. Luego de 45 minutos, el matrimonio Notario se retiró del lugar, mientras que el extraño elemento permaneció otros minutos.
(Fuente: Galíndez, Oscar A. Los OVNIs ante la ciencia, p. 68, citando La Capital, Mar del Plata, 30-7-68).

Mucho más reciente es el caso Chaján, sucedido el 21 de julio de 2002, en la provincia de Córdoba y que tuvo por protagonista a un miembro de la policía provincial.
De acuerdo al informe difundido por el grupo investigador C.O.R., en la fecha mencionada el sargento Guillermo Arias (44 años, casado, tres hijos), que presta servicios en la dependencia de la Policía de Chaján, pequeña localidad de 400 habitantes ubicada sobre la ruta nacional nº 8, a unos 60 km al SE de Río Cuarto, efectuaba un patrullaje de rutina en una zona rural. Aproximadamente a las 23:00, Arias escuchó en su radio que policías de la localidad de Achiras informaban la observación de luces en sectores de aquella ciudad y que parecían estar tomando rumbo hacia Chaján.
El sargento Arias, al volante de su camioneta logró entonces divisar una formación de siete luces a la distancia y decidió avanzar unos 10 km por un camino vecinal de tierra. De pronto, el motor del patrullero se detuvo de manera súbita y con el envión fue a dar contra un bordo de la banquina. Simultáneamente las luces del tablero del vehículo comenzaron a prenderse y apagarse en forma desordenada, la radio mostraba en su dial el paso discontinuo de las frecuencias, en tanto que el interior de la cabina se invadía de un olor acre, como de cables quemados.
Atemorizado, Arias, saltó de la camioneta y retrocedió unos metros por el camino, y en su huída perdió su teléfono celular. De repente, en un campo vecino al camino se encendió una luz inmensa de un objeto triangular (era como un a escuadra puesta de costado, con las puntas bien redondas) que se elevaba lentamente. Parecía –según describió el testigo- una verdadera “ciudad flotante”, de unos 200 m de largo, con una hilera de “ventanillas” con luces que iban desde el violeta al amarillo, pero muy opacas. Detrás de las cuales Arias creyó observar algo que se movía. Describió esos movimientos como televisores que hacen rayas y de sombras a las que definió como “no humanas” (o como “las copas de los árboles cuando el viento las azota). De la parte inferior del objeto triangular salían muchos rayos luminosos color celeste en dirección al suelo. El extraño objeto, siempre en completo silencio, se detuvo sobre el camino –a unos 30 o 35 m de altura y a no más de 20 m de distancia. Después de unos 15 o 20 segundos el fenómeno luminoso terminó por alejarse hacia el Oeste, desapareciendo tras unas lomadas de un campo cercano. Mientras se alejaba, todo el sector quedó iluminado “como de día” ya que podía observarse nítidamente campos, alambrados, hacienda, etc.; y esa iluminación duró unos 20 minutos más.
Ya repuesto, el sargento Arias regresó a su camioneta y de inmediato dio aviso a otros policías de lo sucedido. Se le informó de que ya estaba partiendo hacia allí refuerzos en su ayuda. Desde Achiras, el agente Barrios trataba de mantenerlo calmo por medio de la radio, al igual que el sargento Medina que fue el primero en intervenir y el sargento primero Córdoba, suboficiales que acudieron de inmediato a la zona donde el camarada solicitaba apoyo. En tanto, otro personal radiaba el suceso a los superiores en la Unidad regional 9, con asiento en la ciudad de Río Cuarto. Al día siguiente, la Plana Mayor de la citada unidad policial se hizo presente en Chaján, donde se dispuso una revisión médica del sargento Arias y posteriormente una reconstrucción del hecho, para lo cual se movilizaron hasta el mismo lugar de su ocurrencia.
(Fuentes: Informe del grupo C.O.R, entrevista telefónica de Juan Pablo Gómez y la investigación in situ practicada por Paco Martínez, Patricio Parente y Javier Ferraroto publicada por Carlos Fernández (Policías a la caza de OVNIs en Córdoba) en GACETA OVNI, dic.2003, Pág. Web.

Un incidente muy notable, que involucra a varios policías de la localidad de Cachi (Salta), es el de la Recta Tin Tin, el 9 de mayo de 2001. Su semejanza con la experiencia de la familia Serena es evidente pese a hallarse muy alejados en tiempo y espacio. Constituye un sorprendente ejemplo de paralelismo ufológico.
La madrugada del 9 de mayo de 2001, la camioneta patrulla n|°301 partió de la dependencia policial de Cachi minutos después de las 04:00 AM En su interior se trasladaban dos oficiales, un suboficial y, al menos, dos civiles menores d edad (uno del sexo femenino) en calidad de detenidos, que debían ser trasladados al juzgado de menores de la ciudad de Salta, Al volante iba el sargento Humberto Flores (40 años), a su lado, un oficial de mayor rango que no desea ser identificado, y en el asiento trasero (lado izquierdo) viajaba el oficial ayudante Ramiro Corimayo (27 años). Las identidades de los detenidos no fueron dadas a conocer por razones obvias.
Habían recorrido “ Agua de los loros” para iniciar la llamada “Recta Tin Tin”, una cinta asfáltica que se extiende por 18 km atravesando el Parque Nacional Los Cardones.
Justamente a poco de cruzar el cartel que incida el inicio de dicho Parque, el sargento Flores observa hacia el ENE, sobre la cima del cerro Negro del Tirado, una luz blanca de pequeñas dimensiones, a esa distancia, un poco más grande que una estrella.
El conductor le informa al oficial ayudante Corimayo y le comenta que seguramente se trataba del “farol”, una rareza luminosa tan frecuentemente observada por los habitantes de la región (similar a la “luz mala”, como la conocen en otras partes del país). Si bien habían escuchado relatos de boca de sus propios protagonistas era la primera vez que tenía la oportunidad de observarla con sus propios ojos.
El oficial Corimayo pidió al sargento Flores que prendiera las balizas del techo del móvil policial para darse a conocer. Y ante la sorpresa de todos, esa pequeña ñuz se aproximó y, “en cuestión de segundos, en un solo pestañar”, a decir de Corimayo, acortó la distancia ubicándose a no más de 400 m de la camioneta, al lado izquierdo de la ruta (NE).
Evidentemente no era, como ellos creían en un primer momento, el mentado “farol”. Se trataba de un objeto de grandes dimensiones (“más grande que un camión” para Flores, “como de 20 m de diámetro”, para Corimayo) con una intensa luminosidad que le daba una forma más o menos circular y por momentos ovalada, aunque, a raíz de ésta, no podían observar el cuerpo (o “estructura”, como ellos mencionan) que se ocultaba e irradiaba tan potente luminosidad.
La luz principal era blanca, pero a su alrededor tenía luces colocadas luces muy brillantes. Así lo recuerda el oficial Corimayo: “Era un objeto inmenso con luces amplias muy muy fuertes y de todos los colores: violeta, roja, verde…eran así como chispazos pero espectacular!…”. A ambos le recordaba las esferas luminosas de las discotecas. “Las luces del objeto siempre estuvieron encendidas. Era como un árbol de Navidad, intermitente”.
Los policías decidieron disminuir la velocidad para ir contemplando mejor el fenómeno que había comenzado a acompañarlos, manteniendo siempre la misma distancia. Ahora la velocidad de la patrulla no superaba los 20 0 30 km/h. “yo no le sacaba la mirada de encima porque intentaba ver su forma” –explicó Corimayo quién dada su ubicación y función en la patrulla le era posible poner toda su atención en el fenómeno.
A partir de ese momento comenzó un “juego” luminoso. Corimayo lo explicaba así: “A medida que nosotros poníamos la luz baja o alta de la camioneta, lo mismo hacía él (el objeto)” …”Creo que él actuaba conforme a lo que nosotros provocábamos porque al encender la luz del móvil policial, él mismo lo hacía; apagábamos las luces ya también lo hacía, pero no la luz blanca sino las de colores de alrededor- O sea, prendíamos las balizas y ellos también encendían lo que es el contorno de donde despedían los colores…”. “…era como un juego que nosotros hacíamos, y respondía en forma simultánea…”.
El ambiente que se respiraba en el interior de la camioneta era de estupor, inquietud y preocupación. Pues si bien el fenómeno mantenía una distancia prudencial, al menos hasta ese momento, mostraba un evidente dominio de la situación. Era un objeto que no correspondía en absoluto en su forma, velocidad y características luminosas a una aeronave convencional –incluso no emitía sonido alguno- y no obstante había demostrado tener un control inteligente. De vez en cuando, el objeto ascendía unos cuantos metros y volvía a descender pero siempre continuando la marcha y esas maniobras las realizaba a una velocidad pasmosa.
Los kilómetros pasaban y el fenómeno continuaba su escolta. En cierto momento, el sargento Flores, atento al camino, supuso que si el objeto continuaba con igual trayectoria iban a encontrarse al finalizar la recta, a la altura del Paraje Guanaquito. No estuvo errado, porque cuando iniciaron la curva observaron como el OVNI se aproximaba hasta unos cientos de metros y luego lo vieron descender sobre el camino, que en ese tramo ya es de tierra., a unos 100 m de distancia, cerrándoles el paso. Y para sorpresa de todos el motor de la camioneta dejó de funcionar y todas las luces del móvil se apagaron.
La preocupación inicial del grupo, ahora se había transformado en miedo. A pesar de todo, el sargento Flores y el oficial Corimayo descendieron del vehículo para contemplar, sin obstáculos de por medio, el extraño fenómeno que continuaba despidiendo su intensa luminosidad blanca y las luces de colores que titilaban intermitentemente por todo su perímetro “cual si fuera un arco iris”. Su resplandor abarcaba unos cuantos metros, llegando a iluminar hasta donde ellos estaban.
Desde esa distancia, y por la forma que irradiaba su luz, no podían precisar si el objeto estaba asentado en el suelo o cerca de éste. Lo que sí se apreciaba perfectamente era que su tamaño superaba, por ambos extremos, el ancho de la ruta. También confirmaron la ausencia de sonido. Otro detalle que los policías pudieron percibir fue una leve pulsación en el cuerpo luminoso, como si latiera, acompañando un permanente cambio de forma de esfera a elipse y viceversa.
En ese momento, tanto Flores como Corimayo notaron que dificultades en la vista, sintiendo un ardor en los ojos.
Transcurrido unos cinco minutos de la detención del vehículo, de repente, el objeto ascendió en diagonal, hacia la derecha de los testigos, a una velocidad increíble (“a un solo pestañazo”), deteniéndose en el aire, a unos cientos de metros.
“Como dejé las luces en contacto, una vez que se retiró el aparato, las luces se prendieron solas” –aseguró el sargento Flores-. “En ese momento le digo al oficial Corimayo de volver a Cachi, el aparato subió, pero se quedó ahí, sobre los cerros, y el camino se hace difícil en la Cuesta del Obispo. Teníamos miedo que en la bajada volviera a acercarse”.
Sin embargo, los policías decidieron proseguir y retomaron la ruta, siempre a baja velocidad y el objeto recomenzó su escolta, por la derecha, a unos 400 a 600 m. Por momentos se ubicaba al frente, pero sin descender.
Así transcurrió el resto del viaje hasta que al llegar a Piedra del Molino el OVNI se ubicó en la vertical de la patrulla; entonces podían continuar observándolo únicamente sacando la cabeza por la ventanilla. Conforme descendían la cuesta, el objeto parecía estar a mayor altura y por ende, se veía más pequeño. A la altura de Valle Encantado lo perdieron definitivamente de vista debido a las densa neblina que existía en ese lugar.
La patrulla continuó el viaje a la ciudad de Salta, pero a la media hora debieron detenerse porque tanto Flores como Corimayo comenzaron a sentirse mareados y a tener fuertes dolores de cabeza y nauseas. Estos síntomas fueron menguando cuando, en una quebrada, se refrescaron con agua fría y tomaron unas aspirinas y un poco de coca. Al llegar a la capital los malestares habían desaparecido. Arribaron al juzgado con poco más de una hora de retraso.
De acuerdo a sus estimaciones, toda la experiencia tuvo una duración de una hora y media aproximadamente.
(Fuentes: Gómez, Juan Pablo. Caso policías de Cachi. En GACETA OVNI, pág Web; Martínez, F., Parente, P. y Gómez, J.P. Recta Tin Tin: policías escoltados por un OVNI. En GACETA OVNI, pág.Web).

El siguiente informe oficial de la Gendarmería Argentina describe también posibles acciones electromagnéticos que interfieren el funcionamiento de los automotores. Lo reproduciremos textualmente:

CHOS MALAL (N), 19 de julio de 1968

OBJETO: Informar observación OVNI en 160015 jul 66 en el Pje Los Manucos

AL JEFE DEL ESCUADRON 30 “CHOS MALAL”

Informo al señor Jefe que el 160015 jul 68 observé un OVNI desde el paraje “Los Menucos”, en circunstancias que regresaba de “Las Ovejas” en automotor acompañado del siguiente personal:

Sarg Fot DAVID ACOSTA
Sarg Int HERIBERTO SEGUNDO MUÑOZ
Cabo 1ro IGNACIO CASTILLO
Cabo Mec Mot DIONISIO GARCÍA
Los detalles de la observación los asenté en el Formulario Nro 03999 de Información Técnica sobre OVNI.

Las percepciones del mencionado personal y las mías difieren entre sí en lo que respecta a algunos detalles tales como tamaño, distancia y tiempo, pero coinciden en que se observó un a luz celeste cristalino de gran tamaño y al parecer próxima. Que cruzó delante y por encima del vehículo en desplazamiento muy lento, detenido por un instante y continuando en forma de descenso vertical, hasta ocultarse tras un accidente del terreno cercano a los observadores.

Al tiempo que se efectuó la observación del automotor (jeep 1398) perdió su petencia en forma considerable y avanzó dificultosamente en 1era velocidad sobre una pendiente, que normalmente recorre en 2da. Velocidad y desahogadamente. Esa normalidad fue notada por el conductor y el personal restante.

El lugar denominado Pje “Los Menucos” se encuentra sobre la ruta provincial 101 tramo Andacollo/Chos Malal, a 5 km al S del Pje “La Primavera”. Durante el avistaje nevaba y llovía con regular intensidad. Dichas circunstancias, la desaparición del OVNI, lo abrupto del terreno circundante y la falta de visibilidad imposibilitaron la búsqueda en la oportunidad.

Con posterioridad y en compañía del 2do J Esc y el personal que me acompañaba, reconocí el lugar en que presumiblemente hubiera podido descender, sin encontrarse rastros. Asimismo se reconstruyó la observación del fenómeno determinándose lo siguiente:

a. Duración de la observación 20/40 segundos aproximadamente.
b. Forma: alargada, achatada de mayor ancho en la parte anterior (considerando la dirección de desplazamiento).
c. Tamaño aparente: 2mts aproximadamente.
d. Color celeste luminoso sin encandilar, sin aura y sin variaciones.
e. Distancia: inferior a 500 mts considerando que si hubiera sido mayor, habría estado el OVNI oculto de la observación por una elevación cercana.
f. Altura angular: 40°/45°.

NESTOR ARTURO PALACIOS
ALFEREZ

También en muchos encuentros aeronáuticos se han informado presuntos efectos de índole electromagnética, en coincidencia con la proximidad de los fenómenos anómalos.
El Dr. Richard Haynes, quien ha investigado extensamente los episodios que involucra a pilotos aéreos, reunió en su catálogo más de 3000 de dichos casos, en un período de 51 años (1944-1995). De ellos 185 eventos (aproximadamente un 4%) refieren interferencias en los equipos aeronáuticos. El efecto EM tiene lugar a bordo de la aeronave cuando el fenómeno se localiza en las cercanías, pero no antes de su aparición ni después de su alejamiento, cuando el instrumental retorna a la normalidad.
Los informes sobre tales efectos incluyen a veces interferencias o fallas completas, aunque temporarias, en el funcionamiento de las comunicaciones por radio y también, entre otras perturbaciones menos frecuentes, la reducción en la intensidad de iluminación de las cabinas de vuelo, fallas en los sistemas de armas en aeronaves militares, desviaciones en los compases magnéticos.
El 18 de marzo de 1965, un bimotor Convair 240, de la Toa Airlines, con 40 pasajeros a bordo, volaba a unos 100 km de Osaka sobre el mar interior de Seto. El piloto Yoshiaki Inada informó a las autoridades que, poco después de sobrevolar Himeji, un misterioso objeto que brillaba intensamente apareció junto al avión. Por algún tiempo voló nuevamente al lado del aparato y así se mantuvo por espacio de 55 millas, a menos de 100 metros de una de sus alas. Mientras el objeto estuvo cerca, el buscador automático de dirección se vio afectado fuertemente. El copiloto Tetsu Imashima trató de comunicarse por radio con el aeropuerto de Osaka, pero la radio de abordo no funcionó. Sólo cuando se aproximaron a la ciudad de Matzuyama, en Shikoku, el OVNI desapareció y pudieron establecerse las comunicaciones.
(Fuente: Edwards, F. Flying saucers, serious business, p. 60).

El 14 de agosto de 1957, un carguero C-47 de la empresa brasileña Varig comandado por el capitán Campos Araujo volaba de Porto Alegre a Río de Janeiro, a 1.700 m de altura y con visibilidad perfecta. A las 21:00, los cinco tripulantes vieron en el cielo un objeto brillante que se les aproximaba a gran velocidad. Tenía forma de disco con un domo aplanado en su parte superior; cuando alcanzó su menor distancia al aparto, las luces de éste disminuyeron hasta casi extinguirse y la recepción de radio se interrumpió. Todo volvió a la normalidad en el instante en que el objeto se alejó, ocultándose tras una capa de nubes bajas.
(Fuente: op.cit., p. 31).

El caso siguiente responden al mismo patrón de comportamiento. El 2 de febrero de 1955, un aeroplano comercial de la empresa colombiana Aeroposta, cumplía su vuelo entre Maiquetía y Mérida. Se hallaba comandado por el capitán Darío Celis, quien llevaba como copiloto al capitán B. J. Cortés. Era un día claro, con visibilidad ilimitada, y el aparato volaba a 2.200 m de altura, cerca de Barquisimeto.
A las 11:15, tanto Celis como Cortés vieron un extraño objeto redondo que había aparecido de improviso y se dirigía raudamente hacia el avión. Tenía un movimiento giratorio de sentido contrario al de las agujas del reloj. Alrededor de su centro llevaba una banda roja que emitía destellos de intensa luminosidad; debajo y arriba de dicha banda había “ventanillas” iluminadas.
Apresuradamente, el capitán Celis llamó a la estación de radio de Barquisimeto, pero casi de inmediato de comenzar el informe la comunicación se interrumpió. Ese corte repentino afectó por igual al aeropuerto de Valera, desde donde también se estaba recibiendo el mensaje del piloto.
(Fuente: Keyhoe, D. The flying saucer conspiracy, p. 240).

El 2 de febrero de 1966, un DC-4 de la Compañía de Aviación Fawcett, sobrevolaba el océano, cumpliendo el trayecto de Chiclayo-Lima,. En tal circunstancia sus tripulantes observaron hacia el oeste un punto luminoso, muy distante, que semejaba un cuerpo astronómico o un satélite artificial. El fenómeno luminoso comenzó a acercarse hacia el avión y entonces pudieron constatar que se trataba de un objeto de conformación elíptica, con una luz blanca en su parte superior y una azul den la inferior. Además, parecía despedir una especie de estela anaranjada. El piloto de la aeronave, capitán Osvaldo Sanviti, intentó comunicarse con la Torre de Control del Aeropuerto Internacional de Lima, pero la estática en todas las frecuencias se lo impidió. Las luces de a bordo se habían debilitado y la brújula había girado 30 grados fuera de su situación normal. El OVNI acompañó a la aerolínea durante 10 minutos, conservando una distancia estimada en varios kilómetros; luego ascendió y lo escoltó desde arriba otros tantos minutos, para luego proyectarse hacia el lado izquierdo del avión y continuó siguiéndolo por un lapso similar. El objeto desapareció velozmente hacia la Cordillera de los Andes y entonces los sistemas de radio, iluminación y orientación volvieron a funcionar con normalidad.
(Fuente: Galindez, A. Los OVNIs ante la ciencia, p. 64).

La presencia de los OVNIs aparece asociada también con otros efectos electromagnéticos, tales como perturbaciones en brújulas, compases de navegación, variómetros y magnetómetros. Como ejemplificaremos con los casos siguientes, en los cuales puede advertirse, además, que las interferencias no ocurren necesariamente cuando el objeto anómalo se halla en proximidad de los testigos, sino, a veces, a mayor distancia.

El 24 de junio de 1947, en la misma fecha en que Kenneth Arnold inaugurara la historia contemporánea de los OVNIs con su avistamiento del Mount Rainier, Fred M. Johnson efectuaba estudios geológicos en la Cadena Cascada, Oregon, para una compañía minera de Portland, a unos 1.500 m sobre el nivel del mar. De improviso, apareció en el cielo con dirección SE un objeto de forma discoidal. Johnson lo observó con su teodolito durante 45 o 60 segundos. Luego aparecieron otros 5 o 6 discos de unos 9 m de diámetro, con una especie de cola, que volaban silenciosamente en formación irregular.
Estarían a unos 300 m del lugar en que se hallaba el testigo. Mientras los discos estuvieron a la vista (unos 50 segundos aproximadamente), la aguja de la brújula pareció enloquecer, moviéndose en todas direcciones del cuadrante como sometida al influjo de un poderoso campo magnético. Dicho efecto cesó inmediatamente cuando los objetos se alejaron.
(Fuentes: Uriondo, O.A. El problema científico de los OVNI, p. 115; Olsen, Thomas M. The reference for outstanding UFO sighting reports, p. 3-2).

El 12 de marzo de 1957, el vuelo 94 de la United Airlines viajaba desde San Francisco a Boston. Eran las 21:05 EST, y se hallaba entre Buffalo y Albany, N.Y. con cielo claro, excepto un parcial nublado hasta 20 millas al frente. La aeronave, un DC-10 volaba con piloto automático a una altitud de 37.000 pies, con una velocidad de 539 nudos.
Cuando el avión se hallaba al sur de Syracuse, N.Y, de repente, comenzó a girar hacia la izquierda, haciendo una inclinación de 15 grados. En poso segundos, el primer oficial y el capitán miraron al costado izquierdo de su aeronave y percibieron una luz blanca, muy brillante, a su misma altura. A continuación, el ingeniero de vuelo también miró y percibió la fuente luminosa, Parecía ser perfectamente redonda y su diámetro era de unos 3 grados de arco. Sin embargo, el capitán estimó que el objeto se hallaba a unas 1.000 yardas de distancia y tendría un tamaño de 10 pies, que corresponde a una dimensión angular de 2 grados de arco.
El capitán notó que los tres compases en la cabina (que usa sensores en distintas partes del avión) estaban mostrando diferentes lecturas. En ese instante, el copiloto apagó el piloto automático y tomó el control manual de la aeronave.
Haines calculó la distancia aproximada del objeto en unas 10 millas náuticas. Pareció acompañar al avión por 4 o 5 minutos, luego de los cuales se alejó muy rápidamente, desapareciendo en unos 15 segundos detrás de la aerolínea y hacia el oeste. El capitán preguntó a la torre de control en tierra si ellos tenían algún tráfico en el radar y recibió una respuesta negativa.
El capitán consideró varias explicaciones para el mal funcionamiento de los tres compases y aceptó como la más probable que un transitorio campo magnético podría haber perturbado los dos compasases magnéticos primarios. El sensor ubicado en el ala más próxima al objeto habría sido más afectado que el sensor de la otra ala, Luego de aterrizar, los compases fueron revisados y se encontró que se hallaban en condiciones operativas normales.
(Fuente: Sturrock, P. Physical evidence related to UFO reports, sección 8: Interference with aircraft equipment).

La noche del 12 de noviembre de 1963, el transporte de la Armada Argentina “Punta Médanos” navegaba en ese momento en aguas del Atlántico Sur, a la altura de Golfo Nuevo. De pronto, un objeto aéreo, redondo, de velocidad uniforme, sin luces, siguió al navío a unos 2 km de su popa. Aunque su tránsito fue muy breve, las agujas de los compases de abordo saltaron bruscamente fuera de curso (en 25 grados a una banda) y recién se pusieron nuevamente a rumbo después de 55 minutos de oscilaciones amortiguadas. La investigación subsiguiente consideró todas las posibles causas habituales para el sorprendente fenómeno. Pero al fin se debió desecharlas y admitir que la alteración sólo podría haber sido provocada por la presencia del OVNI.
(Fuente: Galíndez, A. Los OVNIs ante la ciencia, p. 68).

El 3 de julio de 1965, a las 17:03, cuando era ya noche en esa latitud, Los meteorólogos José Mazzucchelli y Eduardo Jarrik avistaron un objeto redondo, de color blanco azulado, que se desplazaba en el cielo de Este a Oeste. Su tamaño era mayor que el de una estrella de primera magnitud, y fue observado por el término de 15 segundos. En el momento de su paso, los variómetros señalaron una visible perturbación. El avistamiento fue ratificado por el jefe de la base, teniente de fragata Miguel Sosa,
(Fuente: op. cit., pág. 78).

Sobre San Carlos de Bariloche, la noche del 31 de julio de 1995 (circa. 20:45), el Boeing 727-200 de Aerolíneas Argentinas, vuelo ARG-674, se disponía a aterrizar en la pista del aeropuerto internacional de esa ciudad. En dichas circunstancias las luces de la aeroestación se apagaron repentinamente. La aeronave descendía acompañaba a babor, en formación (y a unos 100 m de su ala izquierda), por una configuración luminosa de colores verde y anaranjado. Coincidentemente, en la Torre de Control, su operador el sargento Ayudante Alfredo R. Blanco, advirtió una serie de extrañas alteraciones en el instrumental. Este es el relato textual del testigo:
“En el pasaje que hizo (20:48) –se refiere al Boeing 727-200- lo que más me extraña es que estos equipos: el que nos da el QHH, que vendría a ser la presión a nivel del aeropuerto; el que nos da la intensidad y dirección del viento; el que nos indica la altura de las bases de las nubes, es decir una serie de equipos que no trabajan en batería, se apagaron con la caída del grupo electrógeno de la aeroestación, pero cuando la aerolínea estaba prácticamente arriba de la torre, en ascenso, observo extrañado que los equipos vuelven a prenderse y comienzan a comportarse de manera muy extraña: el equipo que indicaba la dirección del viento giraba constantemente, los que indican, en números, la velocidad y altura de las nubes, subían y bajaban, al igual que el barómetro ¡Y eso que no funcionan a baterías! Solamente el HT, que utilizo para hablar con los pilotos, continúa funcionando, pero a batería…y sigo mirando los demás equipos y veo que ningún otro se prendió.
Por su parte, el observador meteorológico del aeropuerto Nicolás E. Araya, mientras controlaba su equipo se vio sorprendido por el descalibre del barómetro que subía y bajaba en forma continua. Quince minutos después, todo volvió a la normalidad.
(Fuente: Gómez, J.P. y Uriondo, O.A.. Informe sobre el caso Bariloche, v. Parte Terceraa de este trabajo).

Finalmente, rescatamos un curioso episodio en el cual la proximidad de un objeto anómalo tuvo por consecuencia la magnetización de implementos metálicos.
La tarde del 14 de abril de 1957, a las 15:00, las señoras Marie Garcin y Julia Rami, paseaban por la ruta departamental 24, cuando un atronador ruido metálico las hizo darse vuelta. A un centenar de metros de donde se hallaban, descendió sobre la misma ruta una pequeña “máquina” de color metal mate, en forma de cono con la punta dirigida hacia abajo. Parecía un trompo gigante, de un metro y medio de altura y casi un metro de diámetro máximo, con la cúspide convexa. De las paredes del cono, perpendicularmente a él, salían plúmulas de aspecto metálico, multicolores y paralelas entre sí, que se agitaban con rápidos movimientos vibratorios. El objeto sobrevolaba lentamente, a 2 o 3 m del suelo, el cruce de la departamental 24 con el camino de Vins sur Caramy, Francia. El alboroto provenía de uno de los dos tableros indicadores del cruce que vibraba intensamente, como si hubiese una concordancia entre el movimiento de las plúmulas y el tablero.
Aterrorizadas, las dos mujeres gritaron. A unos 300 m de allí, sobre una colina próxima, otro testigo, el señor Jules Boglio, escuchando los gritos de las testigos y el ruido del indicador, acudió presuroso creyendo que se trataba de un accidente de tránsito. También divisó la “máquina”, a la cual describió en términos idénticos. En ese instante el objeto dio un repentino salto por encima de la carretera y realizó un ligero viraje hacia el Este, desplazándose a 5 o 10 m de altura. Al sobrevolar el segundo tablero indicador, éste comenzó a vibrar y oscilar, produciendo una fuerte resonancia metálica. Luego el objeto cónico volvió a posarse a 200 m del primer lugar del cuasi-aterrizaje, en un camino de tierra apisonada; se detuvo algunos segundos, se elevó otra vez y, al fin, aceleró dirigiéndose hacia el sudeste a velocidad moderada. Todas sus evoluciones fueron cumplidas en silencio y en ningún momento el objeto en sí produjo ruido. La duración total del avistamiento fue de un minuto.
La investigación posterior efectuada por la policía local y el Sr. Jimmy Guieu de la comisión Ouranos comprobó que los tableros indicadores sobre los que había volado la “máquina” estaban imantados y que la aguja de la brújula experimentaba una desviación de 15 grados, a 5 cm de distancia, mientras que, en las mismas condiciones, un tercer tablero, más alejado, no producía ninguna desviación. Colocando la brújula cerca del automóvil en el cual los investigadores habían llegado, mostró una desviación de sólo 4 grados.
(Fuente: Uriondo, O.A. El problema científico de los OVNI, p.118; Hynek, J.A. The UFO experience, p. 134; Michel, A. Los misteriosos platillos volantes, p. 301).

Conclusiones generales sobre el efecto EM

Como ya habíamos subrayado en páginas anteriores, no en todos los casos de Encuentros Cercanos se producen efectos electromagnéticos. Esta situación es importante pues parecería indicar que el llamado efecto EM –con sus variedades- no es necesariamente consecuencia colateral a la presencia del OVNI (por ejemplo, a un eventual sistema de propulsión) y sugiere que en algunos incidentes asociados a tales efectos se manifiesta una acción deliberada y selectiva por parte del fenómeno anómalo. Estaríamos, pues, en esos casos ante un comportamiento intencional, aunque por ahora tal inferencia es sólo especulativa.
No son muchos los trabajos de investigación técnica publicados sobre los eventuales mecanismos causales de las interferencias electromagnéticas. Podemos mencionar a James McCambell (Ufology, 1973; UFO interference with automobile electrical system, 1976); Mark, Rodeghier (UFO reports involving vehicle interference, 1981); Donald A. Johnson (The effects of position and distance in UFO ignition-interference cases, 1981), y Geoffrey Fallas (BUFORA Vehicle interference Proyect report), que evalúan diversas hipótesis al respecto.
En general, estos autores opinan que la presencia de un intenso campo magnético no es la única respuesta para los efectos EM, como se suponía al comienzo. Experimentos realizados en 1967, por la Ford Motor Company, trabajando para la Universidad de Colorado, concluyeron que un campo magnético lo suficientemente fuerte como para provocar la detención del motor de un vehículo, también afectaría el normal registro magnético del coche en forma permanente y en consecuencia podría ser verificado, lo cual no sucede en la gran mayoría de los casos. Estas conclusiones han sido puestas en duda, por experiencias posteriores como las practicadas por F.C. Gillespie, en EE.UU y por Watts, en Inglaterra. Por su parte el científico norteamericano James M. McCambell sugiere que tales efectos podrían estar relacionados con la existencia de un campo electromagnético fluctuante, que sin alterar la condición magnética del automotor, interferiría el funcionamiento de faros, radios y motores mediante una radiación electromagnética de alta frecuencia emitida por el OVNI.
También los analistas coinciden en señalar que la faceta más inexplicable y sorprendente es la normalización espontánea, sin asistencia del conductor, de los sistemas eléctricos interferidos (en opinión de muchos mecánicos de automóviles este tipo de comportamiento es “imposible”). Dichos casos, aunque muy infrecuentes (alrededor del 5% del total de eventos EM), existen en un porcentaje significativo. El “auto-arranque” del vehículo ocurre sólo en conjunción con el alejamiento del OVNI, ya sea simultáneamente o rato después (segundos o hasta pocos minutos como máximo), aun cuando los esfuerzos del motorista por ponerlo en marcha hayan sido inútiles, mientras el objeto estuvo próximo.

Ante las dificultades de hallar una causa única para todos los eventos EM, muchos investigadores del fenómeno OVNI últimamente han sospechado que esta subclase de manifestaciones es generada en realidad por mecanismos sustancialmente distintos. Y quizás actúen incluso influencias físicas desconocidas hasta ahora para la ciencia actual